Contra el centralismo
La demanda de federalismo ha sido puesta en el tapete de discusión por el cabildo de Santa Cruz. No es la primera vez que sucede pues existen antecedentes históricos que demuestran que este pedido estuvo subyacente en nuestras sociedades desde sus inicios.
El estudio de los sistemas de gobierno en la historia del territorio hoy conocido como Bolivia demuestra que, en tiempos de los incas, existió un tipo de administración que, a la luz de la doctrina política actual, podría llamarse descentralizado.
Este sistema chocó con el centralismo secante impuesto por los invasores españoles. La colonia española se basó casi exclusivamente en las tasas o impuestos a favor de la corona. Todo movimiento económico obligaba a un pago al rey, en proporciones que variaron según las épocas. Esto chocó con la visión de los indios, tanto que fue la principal causa de sus sublevaciones a lo largo de todo el periodo colonial.
Por eso es que se dice que el advenimiento de la República no representó un cambio económico demasiado grande, porque solo significó cambiar el destinatario del tributo. En la colonia era el rey y en la República debió ser el Tesoro General de la Nación que, en los primeros años, era ni más ni menos que la figura del presidente. Claro que la recaudación no fue fácil y, por ello, se debió recurrir a los empréstitos, desde el mismísimo 1825, pero eso forma parte de otro análisis.
El hecho es que el centralismo fue colonialista y no ha perdido esa característica. El Movimiento al Socialismo, que enarbola un discurso anticolonialista, debió haber sido el primero en percibirlo, pero no lo hizo. Su anticolonialismo solo le sirvió para aplicar un indigenismo malentendido, que se limitó a trastornar el sistema educativo nacional.
Asamblea Constituyente mediante, se introdujo la autonomía en la economía jurídica del país. Teóricamente, la autonomía está un paso delante de la descentralización así que se suponía que se estaba atendiendo el pedido de gran parte de la población boliviana. Luego vino la Ley de Autonomías, en homenaje a un cruceño que intentó implantar ese sistema en el siglo XIX, pero los hechos demuestran que todo fue para el papel.
El centralismo siguió administrándose, desde La Paz, y, en lugar de dar paso a la autonomía, lo que hizo fue profundizarse. El Ejecutivo acaparó todo el poder controlando a los restantes órganos del Estado.
Las regiones desatendidas, como las del sur de país, y del oriente hasta hace unas décadas, sufren de ese centralismo. Y las circunstancias actuales exarcebaron esa percepción en Santa Cruz, al punto que en el cabildo del viernes se lanzó la consigna. Nadie lo había previsto ni anticipado pero aquí está, sobre el tapete, y es hora de hablar de él.






















