El encono político
Cuando se produjo el autoexilio del caudillo del Movimiento al Socialismo, mencioné la regla constitucional que otorga poder supletorio al gobernante interino. Esa es norma establecida propiamente para que en el país se ingrese a un clima de paz y sosiego que haga posible un ambiente adecuado para elección de nuevas autoridades del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo.
A ese efecto no recurrió ese gobierno a la decisión de amnistía, que es un medio de conciliación política instituido tradicionalmente en los regímenes democráticos para ejercicio del derecho a voto en los procesos electorales.
En esa columna, el 17 de noviembre de 2019, bajo el título de Moderación vital, expresé: “El actual Ministro de Gobierno, inmediatamente después de haber jurado que ejercerá sus funciones respetando las reglas democráticas establecidas en la Constitución Política del Estado, inició acciones de persecución contra ciudadanos que tuvieron rango equivalente al suyo en el régimen anterior”.
Reiteré esa opinión en otros artículos. Esas fueron efectivamente acciones que caracterizaron la gestión temporal presidida por Jeannine Áñez, quien no siguió el buen ejemplo de sus predecesores Lidia Gueiler y Eduardo Rodríguez Veltzé.
Se afirmó que la reacción del mencionado Ministro de Gobierno fue motivada por el saqueo y destrucción de bienes inmuebles suyos en la región del Chapare, que él atribuyó a seguidores de posiciones contrarias a la suya.
Ese encono tuvo sus efectos. Los desplazados en noviembre de 2019 iniciaron actos de sedición. Tales hechos fueron reprimidos con sujeción a la ley. El Ministerio Público inició la fase de investigaciones en etapa preparatoria para sustanciación de los consiguientes procesos.
El encono es más contagioso que el virus loco. Hoy son los desplazados en noviembre de 2020 que están siendo perseguidos como criminales por quienes volvieron al poder político.
Entre otros hechos delictivos, “actuando como quien retribuye atenciones”, los acusan de autores de masacres por haber refrenado los actos sediciosos que ellos organizaron.
Después de haber quebrantado dos veces la Constitución que promulgaron, primero con una reelección ilegal y luego con otro intento ilícito que fue frustrado, afirman aviesamente que su salida del poder supremo fue originada en un golpe de Estado.
Quienes están llamados a administrar Justicia con absoluta imparcialidad y objetividad, vulnerando su conciencia, se pusieron con perfidia al servicio del odio para mantenerse en ejercicio de sus cargos. Fiscales y jueces fueron acosadores implacables tanto de los unos como de los otros.
El autor es abogado
Columnas de JOSÉ LUIS BAPTISTA MORALES






















