En Beijing, testigo del impulso global por los derechos de las mujeres
En la sede de la Conferencia de Líderes Mundiales sobre la Mujer, que se celebra en el corazón de Beijing, la capital de China, se respira una energía única. Esta no es una cumbre más: hace exactamente 30 años, en esta misma ciudad, se celebró la histórica IV Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995, que marcó un antes y un después en la promoción de los derechos de las mujeres a nivel global.
Aquel encuentro, que reunió a representantes de casi 190 países, dio origen a la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, un documento visionario que estableció los principios y compromisos más amplios para alcanzar la igualdad de género. Desde entonces, su legado ha trascendido generaciones: más de 1.500 leyes y políticas sobre los derechos de las mujeres han sido promulgadas en todo el mundo, consolidando a "Beijing" como un símbolo de esperanza y transformación.
Hoy, tres décadas después, delegadas y delegados de cientos de países y organizaciones internacionales se reúnen nuevamente en Beijing para renovar el compromiso global con la igualdad de género. La conferencia busca impulsar el desarrollo integral de las mujeres y fomentar la construcción de una comunidad de futuro compartido para la humanidad.
Como periodista cubana que ha vivido en China durante seis años, he podido ver de cerca cómo las políticas de inclusión y empoderamiento femenino se traducen en cambios reales.
En las zonas rurales, he conocido a mujeres que lograron salir de la pobreza mediante programas de emprendimiento apoyados por el Gobierno. En las ciudades, he entrevistado a jóvenes ingenieras y científicas que lideran innovaciones tecnológicas. Cada historia refleja el avance de un país que entiende que el desarrollo sostenible solo es posible con la plena participación de las mujeres.
Nunca olvidaré la emoción que sentí al presenciar la presentación de Wang Yaping como integrante de la misión Shenzhou-13, junto a los astronautas Zhai Zhigang, Ye Guangfu y Wang Yaping. Se trataba de la segunda mujer astronauta china y la primera en ingresar en la estación espacial Tiangong. El rostro de Wang Yaping, serio, pero lleno de confianza, me transmitió inmediatamente la magnitud de la tarea que estaba a punto de enfrentar.


























