Basta de abusos y discriminación en el Consulado de España
Cada día, decenas de bolivianos acuden al Consulado de España con la esperanza de obtener una visa que les permita visitar a sus familiares, estudiar, trabajar o simplemente conocer un país con el que compartimos historia, idioma y lazos culturales. Sin embargo, lo que muchos encuentran no es respeto ni empatía, sino indiferencia, maltrato y discriminación.
Los testimonios son frecuentes y coinciden: largas filas, respuestas prepotentes, falta de información y una atención deshumanizada. Los solicitantes bolivianos, que cumplen con todos los requisitos, pagan las tasas exigidas y esperan con paciencia, terminan siendo tratados como si pidieran un favor y no como ciudadanos con derechos.
Lo peor es que, si no les otorgan la visa, pierden todo el dinero invertido y el tiempo dedicado. Muchos deben viajar desde distintos departamentos hasta La Paz —porque no hay consulado español fuera de esa ciudad y de Santa Cruz—, gastar en transporte, alojamiento y trámites costosos, para finalmente recibir una negativa sin explicación ni reembolso.
Aunque no se publican todos los datos con transparencia, los registros disponibles muestran que el volumen de visados que expide el Consulado de España en Bolivia es significativo: solo en la demarcación de Santa Cruz, que abarca los departamentos de Tarija, Pando y Beni, se estimaba alcanzar unas 10.000 visas durante 2022. A nivel mundial, los consulados españoles emitieron más de 1,5 millones de visados en 2024, según datos oficiales del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones de España. Por su parte, los solicitantes bolivianos habrían pagado más de 1,6 millones de euros en tasas de solicitud, de los cuales una parte sustancial —unos 683.760 €— se habría perdido en solicitudes rechazadas.
Estas cifras revelan que no se trata de simples trámites administrativos, sino de un flujo económico considerable que afecta directamente a miles de familias bolivianas. Cada visa negada sin fundamento es dinero, esfuerzo y esperanza perdidos bajo una burocracia que se esconde tras el poder del sello consular.
Este tipo de situaciones no solo ofende a las personas, sino también a la historia. Porque, en realidad, los españoles no descubrieron América: llegaron a un continente que ya existía, con civilizaciones avanzadas, con estructuras sociales, sistemas agrícolas, medicina natural y una cultura de higiene, respeto y honestidad que fue destruida y corrompida por la ambición y la violencia.
Trajeron consigo no solo religión y armas, sino también la soberbia de creerse superiores.
De América salió la riqueza que permitió construir el poder de España y de Europa. Se dice que con la plata extraída del Cerro Rico de Potosí podría haberse construido un puente desde Bolivia hasta Madrid. Si hoy España es lo que es, en gran parte lo debe al saqueo colonial que vació nuestras minas y nuestras tierras, dejando dolor, muerte y desigualdad.
Por eso resulta inaceptable que aún existan funcionarios españoles que miren por encima del hombro a los bolivianos. Si los peores antecedentes los tiene su propia historia. Desde Colón hasta muchos de los marineros que vinieron al "Nuevo Mundo", fueron personas con antecedentes delictivos; trajeron la mentira, la codicia y la traición, como lo demuestra el secuestro y asesinato de Atahualpa.
Antes de exigir certificados de antecedentes a los bolivianos, deberían revisar los suyos. Su propio exrey fue acusado de múltiples delitos, y varios de sus gobernantes actuales enfrentan casos de corrupción y abusos similares —solo que en menor escala a lo que tanto critican en los pueblos latinoamericanos.
Ojalá nuestro nuevo gobierno tenga el valor de reclamar formalmente al gobierno español que, antes de mirar con desconfianza a los bolivianos, mire su propia historia y corrija el trato indigno que reciben nuestros compatriotas en su consulado.
Columnas de Constantino Klaric





















