A dos años de la desaparición de joven Odalys, el novio y acusado irá a juicio
En un viaje que nunca terminó, en un vacío que se instaló en el seno de una familia boliviana y en una madre que, en medio de la penumbra, sólo pide enterrar y despedir a su hija, el pasado lunes 30 de marzo, el caso de Odalys Vaquiata Quispe cumplió dos años de un vida arrebatada por la violencia machista y un tiempo marcado por la búsqueda incansable de la verdad. Al cumplirse este tiempo, el sistema judicial boliviano se prepara para un afrontar un momento decisivo. A pesar de que los restos de la joven madre de 27 años aún no han sido encontrados, el Tribunal de Sentencia ha fijado el inicio del juicio oral para el próximo lunes 13 de abril.
Todo comenzó el 30 de marzo de 2024. Odalys partió con su pareja, Joel Pérez, de 26 años, hacia los Yungas, en La Paz, para disfrutar de un feriado en la comunidad afroboliviana Tocaña. Lo que debió ser un respiro de la rutina, se convirtió en una pesadilla. Según la versión sostenida por el principal sospechoso, ambos sostuvieron una discusión y ella se bajó del auto en medio de la carretera. Desde ese instante, su rastro se desvaneció entre la maleza y los barrancos de la región subtropical. A pesar de meses de rastrillajes intensos, el uso de drones, perros rastreadores y el despliegue de cientos de efectivos policiales, el cuerpo de la mujer no ha sido hallado. La investigación se ha visto entorpecida por las múltiples contradicciones de Joel, quien pasó de ser un testigo a ser el autor principal del feminicidio bajo una acusación formal. La Fiscalía sostiene que hay pruebas suficientes —triangulación de llamadas y registros de mensajes, entre otros— para afirmar que Odalys perdió la vida, aun sin la presencia física de sus restos. Mabela Quispe, la madre de Odalys, se ha convertido en uno de los rostro del dolor en Bolivia. Sus palabras, reflejan un sufrimiento que trasciende lo meramente físico. “Sobrevivo día tras día porque me hace mucha falta mi hija, nunca estaré tranquila por no saber dónde está mi hija. ¿Ella no tiene derecho de descansar en una tumba? Me tranquilizaría tener una tumba donde llorarla. Ésa es mi pena”, dijo entre lágrimas. El hijo de Odalys, que tenía tres años, en el momento de la desaparición es la víctima silenciosa de esta tragedia. Pregunta constantemente por qué su madre “no está con ella, ¿cómo murió mamá?, si los muertos van al Cementerio porque ella no está ahí?”. Este niño motiva a la familia a no bajar los brazos y su madre pide que se rompa el pacto de silencio que supuestamente mantienen Joel y sus padres, investigados por complicidad. Hoy, a dos años de los hechos, el caso entra en su etapa final con la expectativa de un juicio oral en el que se pedirá la pena máxima de 30 años de presidio para el acusado. Sin embargo, para la familia Vaquiata Quispe, la verdadera sentencia es el silencio de un paradero que uno de los secretos más tristes de los Yungas. La Fiscalía y la familia de la víctima también piden penas de 15 años de reclusión para los padres del acusado, señalados por complicidad y encubrimiento.



























