La caída de Víctor Paz Estenssoro

Actualidad
Redacción Central
Publicado el 07/11/2014 a las 17h34

Más que de cambios, 1964 fue un año de inconformismos. Cassius Clay le partió la cara a Sony Liston y tomó el nombre de Muhamad Alí, convirtiéndose al Islam. El Presidente Joao Goulart fue depuesto en Brasil y comenzó un ciclo de dictadura militar por veinte años. La música de Los Beatles invadió las radios bolivianas con She loves you, desplazando de la preferencia juvenil a Palito Ortega y Leo Dan. Se estrenó en La Paz Dr. No, el primer film de la zaga 007, cuando la Guerra Fría empezaba a calentarse. Vietnam cruzó la línea del no-retorno. Empezó el movimiento hippie. Y el Presidente de Bolivia decidió quedarse cuatro años más en el Palacio Quemado quebrantando la Constitución.

Era la crisis de la Revolución Nacional, no por fracaso sino por cansancio. El Presidente Víctor Paz Estenssoro había rectificado errores, morigerando las innecesarias durezas de su primer gobierno (1952-1956), e interpelado por la realidad mundial desde su embajada en Londres (1957-1959), asumió una saludable visión global que permitió al revolucionario evolucionar a estadista.

En esta segunda administración (1960-1964), logró subsanar problemas creados por la propia revolución que lastraron a la COMIBOL, afincó el futuro en el petróleo cuyas regalías transformaban a Santa Cruz, devolvió un rol político al sector privado permitiendo la existencia de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia, reaccionó con oportunidad ante el despojo de las aguas del río Lauca por parte de Chile, asumió un rol internacional y tuvo el coraje de acercarse a John F. Kennedy.

Este primer presidente norteamericano de fe católica, privilegió a Bolivia con los programas de la Alianza para el Progreso y recibió al Presidente Paz Estenssoro en la Casa Blanca con el protocolo reservado a un libertador, declarándolo ejemplo de revolucionario no comunista que había dado la tierra a los campesinos y el voto a las mujeres. Pero ese mandatario, prestigioso en el ámbito externo, agotaba la capacidad de cautivar a sus paisanos, sumándose a ello la natural proyección política a la que aspiraban los otros revolucionarios de su partido y la creciente oposición política de izquierda y derecha.

 

EL ESCENARIO

Convocada la Novena Convención Nacional del MNR, el Vicepresidente Juan Lechín Oquendo rompió con el Presidente Paz Estenssoro; Lechín fue expulsado del partido. Volvió de Madrid el ex Presidente Hernán Siles Zuazo (era embajador ante el Generalísimo Franco) y se solidarizó con Lechín. El Dr. Walter Guevara Arze, teórico del MNR, enemistado con Paz Estenssoro --por lo que había fundado el PRA--, se fundió en un abrazo público con Lechín, en ese momento la estrella más rutilante del elenco, como líder de los sindicatos de trabajadores del país.

Pero el Dr. Paz tenía consigo los Comités Político y Ejecutivo del MNR, las dos figuras fundamentales del partido en las Fuerzas Armadas, el Gral. Alfredo Ovando, Comandante del Ejército y el Gral. René Barrientos, Comandante de la Fuerza Aérea. El Gral. Eduardo Rivas Ugalde era Secretario Ejecutivo del MNR.

Otro General, aunque de “escalafón especial”, llamado Claudio San Román, daba la seguridad que requería el Estado revolucionario mediante el Control Político que administraba la represión. Las masas campesinas y sus milicias armadas eran fieles al Dr. Paz por la reforma agraria y la condición ciudadana que les había otorgado.

Pero, sobre todo, el Dr. Paz tenía la carta más importante de la baraja: el Embajador de los Estados Unidos, Sr. Douglas Henderson, a quien daba el trato de “compañero”, Es decir, tenía el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, por lo que el régimen revolucionario boliviano no había tenido remilgos a la hora de condenar a Cuba y suprimirla de la mancomunidad americana representada en la OEA.

 

REELECCIÓN

El Dr. Paz tenía una credencial democrática impecable. En su primera elección de 1951, bajo el esquema conservador, había obtenido el 42,9% de los votos. En la segunda de 1960, ya con voto universal, había obtenido el 74,5%. Tenía dos tercios en el Congreso Nacional y ello le permitió modificar la Constitución Política del Estado introduciendo la figura de la reelección, hasta entonces proscrita.  

Víctor Andrade Uzquiano, quien fuera destacado Embajador de Bolivia ante la Casa Blanca, llegó a La Paz y se reunió con el Presidente Paz Estenssoro, rogándole abstenerse de ir a la reelección, advirtiéndole que ese sería el fin de la Revolución Nacional. Pero el Dr. Paz creyó que el Chino Andrade quería reemplazarlo en el Palacio Quemado y rechazó sutilmente a su interlocutor.

La compleja Novena Convención del MNR se pareció más a un hermético cónclave cardenalicio, con mucha propaganda externa, pero donde sólo Dios sabía lo que debía suceder. De allí salió la proclamación de la candidatura Víctor Paz - Federico Fortún.

Pero el poderoso Juan Lechín Oquendo creó el Partido Revolucionario de la Izquierda Nacional/PRIN y al acto de fundación acudieron “todos los demás”, Siles Zuazo, Guevara Arce, Mario Gutiérrez jefe de la Falange, Mario Monje jefe del Partido Comunista, representantes de la democracia cristiana y de los antiguos partidos liberal y republicano.

El Dr. Paz podía leer bajo del agua, comprendió que algo no estaba funcionando y quiso reajustar la maquinaria blindándose con los militares del partido. De manera que la Novena Convención se desdijo, anuló a Fortún como vicepresidenciable, reemplazándolo con el Gral. Barrientos, ídolo popular del momento y amigo de los americanos. Era la reelección contra viento y marea. La oposición llamó a la abstención.

En esos días volvió al país el Dr. Luis Adolfo Siles Salinas, líder de la socialdemocracia, se reunió con el Gral. Ovando y ambos coincidieron en que la reelección era antidemocrática e intolerable. Pero, dado el poder que tenía el Dr. Paz, Ovando aconsejó realizar acciones civiles que hicieran viable un pronunciamiento militar. Por ejemplo guerrillas. El Dr. Siles Salinas, que hacía causa común con FSB, transmitió el pedido al jefe falangista, Mario Gutiérrez y al subjefe Gonzalo Romero. Ambos se pusieron en acción de inmediato.

Sin adversario al frente, el 31 de mayo la fórmula rosada del MNR, Paz – Barrientos, obtuvo ¡el 86% de la votación! y proclamó su victoria en nombre de “la emancipación del pueblo boliviano”, ante la abrumadora censura local e internacional. Al día siguiente se conoció la irrupción de un movimiento guerrillero en la zona de Alto Paragua, provincia Velasco del departamento de Santa Cruz. Lo comandaba el falangista Luis Mayser, empresario agro-ganadero asentado en la frontera con el Brasil, quien armó una columna de 64 hombres y anunció que se enfrentaba al gobierno de La Paz. Junio y julio transcurrieron en medio de movilizaciones urbanas críticas y noticias sobre las acciones guerrilleras. Pero la palabra “guerrilla” se había convertido en sinónimo de castrismo en América y para Washington la guerrilla falangista amenazaba a un gobierno amigo.

El 6 de agosto, un exultante Víctor Paz Estenssoro volvía a recibir la medalla del Libertador Bolívar en el pecho y a su lado, Barrientos juraba a la Vicepresidencia. Grandes retratos de los coroneles Busch y Villarroel, “mártires de la Revolución Nacional”, colgaban de la fachada del Palacio e interminables columnas de campesinos en armas, regimientos militares y policiales, empleados públicos, mineros, obreros, etc., desfilaron por la Plaza Murillo ante la prensa local e internacional.

Nacía un gobierno descalificado, asido a la leva del Tío Sam, llamando la atención que el prestigioso intelectual René Zavaleta Mercado hubiera aceptado el Ministerio de Minas y Petróleo. Pero allí estaba cuando juró el gabinete ministerial, al lado de Ciro Humboldt, Ministro de Gobierno.

 

VIOLENCIA

A lo largo de agosto y septiembre se descompuso el ambiente social con marchas diarias de profesores, obreros y estudiantes. Las combativas radios mineras reflejaban la situación de rebelión generalizada contra “el gobierno vende patria, pro-yanqui y enemigo de la clase proletaria”, mientras las guerrillas protagonizaban sangrientas escaramuzas que trascendieron al mundo.

El Gobierno convocó al Ejército, conformándose un comando antiguerrillero dirigido por los coroneles Juan Lechín Suárez, Eduardo Méndez Pereira y Hugo Banzer Suárez. Hubo combates sangrientos y bombardeos indiscriminados. El coronel americano Jacob Jackson, experimentado ranger en Vietnam, quien asesoraba a la tropa aerotransportada a la zona de operaciones, participó en el combate en Puerto Tirarí, sobre el río Paragua, recibiendo un balazo en la columna, que le costó la vida. Los bombardeos de la FAB se intensificaron. Los guerrilleros pasaron del centenar en cuatro columnas, impidiéndose el acceso de la prensa a la zona de operaciones.

Aumentando el drama explotó un segundo frente guerrillero en la región de Apolo, departamento de La Paz, comandado por los hermanos Luis y Reynaldo Llerena, apagado con la amenaza de bombardear esa población. Tras fuertes combates, los jóvenes campesinos falangistas se dispersaron por el monte dejando varios muertos a sus espaldas.

 

EL FACTOR OVANDO

Todas las fuerzas políticas y sociales, aún las antagónicas entre sí, actuaban convencidas de que cualquier cosa era mejor que Paz Estenssoro. Lechín conducía a la COB y los mineros; la Falange a las universidades, los estudiantes de secundaria y sus profesores; el Partido Comunista a los obreros; Guevara Arze a los campesinos del valle. Las ciudades se volcaron por el cambio. El gobierno impuso la censura de prensa.

El respaldo de la Embajada Americana al Presidente Paz Estenssoro era firme, pero la Misión Militar de los Estados Unidos en Bolivia, más versátil, apoyaba al Dr. Paz pero, si algo le llegara a suceder, sustentaría al más amigo y, en esa perspectiva, éste era el Gral. Barrientos.

Entonces el Gral. Ovando desplegó su estrategia. Demostraría lealtad a Paz Estenssoro y lo hizo con dramatismo el día de su onomástico, el 2 de octubre, cuando le entregó como presente su sable y su honor de militar. Pero desde las sombras apoyaba la conjura, encendía el fuego guerrillero y lo apagaba, ayudaba a desestabilizar, pero era el sostén en el que el Dr. Paz confiaba. Si triunfaba la conspiración, Ovando respaldaría a Barrientos. Si vencía el Dr. Paz, el propio Ovando se encargaría de castigar a Barrientos. Ya lo había hecho antes con Únzaga de la Vega.

Pero cabía una tercera posibilidad, planificada durante muchos años: si en el proceso desestabilizador se producía, en medio del caos por el fin de una era revolucionaria, el Ejército que había rescatado de la ruina devolvería la tranquilidad al país y él tomaría el poder escoltado por sus oficiales que sólo esperaban una orden suya.

 

ACTO FINAL

Entre el 7 y el 11 de octubre caen los Llerena, uno de ellos herido de bala, siendo trasladados a La Paz, casi en el momento en que Luis Mayser se entrega a las autoridades brasileñas. El Dr. Paz respira aliviado. Es una victoria del buen General Ovando.

Pero los americanos no descansan. Detectan una extraña reunión en el domicilio del Director de El Diario, Jorge Carrasco, a la que acuden Hernán Siles Zuazo y el Cnl. Julio Sanjinés. El coronel de inteligencia, Edward Fox, adscrito a la Misión Militar de los Estados Unidos denuncia el cónclave. Siles es apresado y exiliado; Sanjinés se sumerge en los predios del Colegio Militar.

Las celdas del Control Político empiezan a llenarse. Las movilizaciones callejeras son más violentas, una descarga de dinamita deja a Miraflores en tinieblas, las minas estatales están en franca sublevación y San Román ordena un escarmiento. Alegando un intento de fuga, se ametrallará al grupo de la celda “9”, donde están Simón Reyes, Filemón Escobar y Luis Llerena, quienes al recibir el “soplo” de un agente amigo, deciden atacar primero. En el último minuto, la orden es revocada

Entre tanto, la distancia entre el Presidente Paz y el Vicepresidente Barrientos ya es insondable. Aquel atrincherado en el Palacio Quemado, este en una custodiada casa en Cochabamba, donde se reúne con los dirigentes universitarios Guido Strauss de la UMSA, Nicanor Jordán de la CUB y Jaime Gutiérrez de FSB, quienes asumen control de la Universidad de San Simón. La reunión con Barrientos es definitiva. El golpe revolucionario se realizará a más tardar en una semana.

Miércoles 28 de octubre.El gobierno hace una demostración de fuerza con miles de adherentes en las calles. Desde el balcón del Palacio el Presidente Paz dice que la Revolución Nacional es irreversible y desafía a la oposición. Varios heridos en La Paz. Las minas en paro se alistan para la batalla.

Jueves 29. Será la peor jornada.El periódico católico Presencia anuncia en primera plana que ese día será asaltado. El titular de apertura del diario oficialista La Nación es provocativo: “¡LAS CALLES SON NUESTRAS – El pueblo aplastará la contrarrevolución”. La violencia se desborda. Los universitarios del país toman las calles. Seis muertos en choques callejeros registrados en Oruro. Fuerzas combinadas de milicianos del MNR y carabineros toman San José y Huanuni. Caen muertos y heridos en Cochabamba. El gobierno pide la mediación de la Iglesia. Se establece un puente entre la dirigencia universitaria y el gobierno.

A las 11.30 de la mañana, un automóvil estaciona en la puerta lateral del Colegio Don Bosco. El Ministro de Gobierno, Ciro Humboldt, abre la portezuela dando paso al dirigente universitario Guido Strauss. La tensa reunión acuerda una tregua de 48 horas a cambio de la liberación de universitarios, pero ya es imposible detener la rebelión desencadenada. Se produce el asalto de universitarios al cercano Ministerio de Salud. A las 15.00 empiezan las barricadas en la Avenida Villazón, los combates por al atrio, los patios y el dramático asalto final al monoblock de la UMSA. Cerca a las 22.00, centenares de universitarios salen con las manos en alto. A pesar de su victoria, el gobierno del Presidente Paz Estenssoro empieza a contar sus últimas horas. Las líneas aéreas comerciales han suspendido sus vuelos a Bolivia.

Viernes 30.Milicianos asaltan las instalaciones de la Federación de Mineros en El Prado de La Paz. Se combate en las calles de Oruro. La familia del Presidente Paz deja su residencia en Calacoto.

Sábado 31.Guido Strauss es torturado en el Control Político. Milicianos y barzolas atacan la oficina central de El Diario que deja de circular. Un avión especial traslada a Lima al personal del Banco Interamericano de Desarrollo.

Domingo 1º.El país se sumerge en los ritos por Todos los Santos y los Difuntos.

Lunes 2.Agentes del Control Político apresan al Cnl. Sanjinés y lo llevan al Control Político, encerrándolo en el “cuartito azul”, desalojando a Guido Strauss en calidad de guiñapo sanguinolento. San Román le dice que ese será su triste destino si no confiesa quiénes y cuando darán el golpe militar.

Martes 3.Al amanecer de ese día, Ñuflo Chávez Ortíz, Mario Sanginés Uriarte y Carlos Ponce Sanjinés, todos altos dirigentes del MNR, se entrevistan con Barrientos en Cochabamba. En tono fraterno, les confirma el movimiento revolucionario en marcha, pero “no contra el partido, sino contra el viejo” y les asegura que en dos días estarán todos juntos en el balcón del Palacio. Personajes del MNR buscan asilo en embajadas. Sólo Paz Estenssoro se mantiene en el interior del Palacio, confiado en el Gral. Ovando. En el Palacio se recibe la noticia desalentadora de que el Gral. Ovando ha sido tomado preso, pero el propio General llega a la Plaza Murillo. El Presidente toma contacto radial con Barrientos, quien le propone renunciar ambos “en aras de la pacificación nacional”. En los hechos, el golpe ha comenzado. Cochabamba está bajo control militar y el Regimiento Escolta ya no responde al gobierno.

Miércoles 4.Poco después de la media noche, el Presidente y su hijo Ramiro se retiran a descansar en el dormitorio presidencial. A las 6.30 se realiza la última reunión de la que participan Guillermo Bedregal, José Fellman Velarde, Roberto Jordán, Eduardo Arauco, Carlos Serrate, Guillermo Jáuregui, Augusto Cuadros Sánchez, Horacio Torres, Jaime Otero Calderón, Rubén Julio, Jacobo Libermann, Adolfo Linares, además del Gral. Ovando y el Gral. Javier Cerruto, Comandante de la FAB y ex cuñado de Paz Estenssoro. Aunque Fellman dice que meterá un tiro a quien quiera salir y propone luchar hasta el último hombre, los presentes saben que todo está perdido.

Se sienten disparos a lo lejos. Abandonan el Palacio. Los presos del cercano Control Político ganan la libertad. El Presidente derrocado, acompañado del Gral. Ovando, se dirige en automóvil raudamente al aeropuerto de El Alto. Radio Continental, emisora de los trabajadores fabriles, advierte al pueblo que “el mono está escapando” e imparte la cruel consigna: “atraparlo, que no escape, hay que colgarlo para que pague por sus fechorías”. La turba sale a bloquear la avenida Quintanilla Zuazo segundos después de que la caravana ha pasado y finalmente llega a la base aérea militar. La escena final es increíble. Ovando abraza al “jefe” y le asegura que volverá en un mes, cuando él pacifique al país. El Dr. Paz parte el exilio con su esposa y sus hijas. Ovando vuelve para hacerse cargo del poder.

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