Londo: Bello jardín rural
Su curioso nombre parece el anuncio de un encanto irresistible y mágico que se confirma al visitarla. La hacienda Londo es un centro de ecoturismo que sorprende no sólo por la impresión de lejanía de la ciudad que provocan sus edificaciones praderas, bosques, estanques y cerros que la rodean, sino también por su historia la variedad de actividades que se pueden realizar y el acogedor ambiente que han creado sus hospitalarios propietarios que la administran.
Está apenas a una hora del centro de la ciudad de Cochabamba, pasando por el borde del pueblo de Santiváñez, cerca de un río, en uno de los valles de ese municipio y muy próxima a una cadena montañosa de variada altitud cubierta de algarrobos y otras especies arbóreas nativas.
Este hotel rural que ocupa la parte central de lo que fue un antiguo fundo agrícola creado en 1807, está cargado de historia y es un lugar ideal para un baño inmersivo de naturaleza… y emociones variadas: desde las contemplativas hasta las de alta dosis de adrenalina.
MÁS DE DOS SIGLOS
“Esto ha sido construido en 1807”, explica José Alipio Rivera Soria al ingresar a la capilla restaurada, sin variaciones en su diseño original, cuyo altar conserva la piedra ara —un paralelepípedo de roca que guarda restos de reliquias en orificios de cada uno de sus ángulos— enviada desde el Vaticano hace 216 años.
Ubicada a un costado del patio de lo que fue la casa de hacienda, esta edificación, lo mismo que el frontis y la entrada, han resistido al tiempo y rodean parte del cuadrado central de un jardín donde los naranjos y limoneros “dan frutos todo el año”.
Aledaña a la capilla, está el ala que alberga la cocina y el vasto comedor donde la familia Rivera conserva aún muebles antiquísimos, lo mismo que un portentoso misal en latín traído desde Roma a fines del siglo XIX por el párroco Neptalí G. Borda, y dedicado a los propietarios de la Hacienda Londo, los ancestros de José Alipio. Todo esos objetos "se salvaron del saqueo” —ocurrido en 1953 como producto de la reforma agraria— “porque estaban en la capilla”.
La familia Rivera ha convertido lo que quedaba del fundo agrícola en el encantador lugar abierto al público que es hoy.
PAZ Y ADRENALINA
Hay mucho para hacer en este centro de turismo rural: desde pescar carpas o remar en canoa en su estanque más grande, pasear por los alrededores o hacer una excursión medianamente exigente a la montaña que domina el lugar, acampar u hospedarse solo o en familia en cómodas habitaciones.
“También nos ocupamos de la alimentación, pero es necesario que los visitantes nos anuncien con tiempo para proveernos de productos frescos”, explica Roxana. Y hay parrilleros disponibles para los huéspedes.
Los esposos Rivera Vaca reciben familias, parejas, grupos de scouts y clubes de conductores de vehículos todoterreno (4 x 4) que acuden al lugar “generalmente los fines de semana” y son acogidos todos los días del año, por ellos y sus mansos animales: dos perros, un ganso amistoso y un pavo real .
Para la aventura, está la expedición, acompañada por un guía de la casa, al Jatun Gaga, la montaña desde donde se divisa Itapaya, Parotani y Charamoco. El ascenso es posible por un sendero que atraviesa bosques nativos.
La caminata puede pasar por una vertiente en el flanco de la montaña, con cuyas aguas se riegan los jardines de la hacienda.
Y para las emociones fuertes la pista de 800 metros enlodada y/o inundada al gusto de quienes aman vencer ese tipo de dificultades con sus vehículos .
Llegar al lugar desde Santiváñez es fácil, pues “todos los caminos conducen a Londo”, como dicen los anfitriones del sitio, pero es aconsejable anunciar con anticipación la visita, llamando al celular 72750639.
























