Artesanas luchan por mantener la tradición del trenzado de palmas
Trenzar palmas para María, que quiere presentarse simplemente así, es una oportunidad no sólo para generar ingresos económicos en Semana Santa, sino también para demostrar un legado que trasciende tres generaciones.
Abrigada y en pleno corazón del mercado La Pampa, sus manos laboriosas manipulan las ramas de la planta para comenzar a tejer cruces, flores y otras figuras religiosas que se usan para celebrar el Domingo de Ramos, que rememora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.
Ella contó que la tradición de tejer las ramas la aprendió de sus “abuelitos”, quienes trasladaban las ramas desde el monte hasta La Cancha, el gran mercado de la ciudad de Cochabamba, y a las puertas de los templos para tejer cientos de símbolos de fe que se usan para conmemorar la antesala de la fiesta de la Pascua.
“Madrugamos tejiendo, empezamos de madrugada, descansamos a mediodía para el almuerzo, luego seguimos hasta la una de la mañana. La venta es desde las tres de la madrugada, pero como vivo arriba del kilómetro 10 (de la avenida Blanco Galindo), en El Paso, llego a las cinco”, contó.
María recordó que esta tradición familiar también la practicó su madre y espera que siga viva con sus hijos, aunque con la pandemia y con el paso de los años cada vez hay menos feligreses que compran los ramos.
La artesana señaló que la venta de los materiales comienza dos semanas antes de celebración de la pasión de Jesucristo en la avenida República casi Punata, donde la gente puede encontrar palmas al por mayor y piezas trenzadas cuyo costo está entre 2 y 3 bolivianos, dependiendo del diseño.
Dijo que para los niños los padres suelen llevar carteritas y cruces para ahuyentar el mal y las tentaciones en el hogar. Estos elementos se colocan detrás de la puerta de las viviendas, luego de hacerlos bendecir en la misa del domingo, puntualizó.
A menos de 100 metros del puesto de María está Bernardino Montaño, un poblador de Mairana-Santa Cruz, con sus “amarros” de palmas. Cosechar y viajar 358 kilómetros en flota a Cochabamba para ofrecer materia prima a las artesanas es para él una actividad sacrificada que está dispuesto a hacer hasta cuando se pueda.
Bernardino relató que la cosecha es sacrificada, porque debe internarse 30 kilómetros en el monte para sacar la palma “hierba buena”, cuyas hojas son amarillas y dóciles para tejer. Por este motivo, cada amarro cuesta 350 bolivianos; antes de la pandemia, el precio era de 500. “Esto crece sólo en lugares con bastante agua”, dijo mientras regatea el precio con las artesanas y reconoce que llegó tarde este año al caótico mercado.
¿Pero por qué es importante la celebración de Ramos para la comunidad católica? Para el párroco de San Ildefonso en Quillacollo, Iván Vargas, es fundamental porque marca el inicio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, que da sentido a la fe y esperanza de los creyentes.
“El Domingo de Ramos es el recibimiento de Jesús, es la entrada triunfal hacia la Pascua. Es decir, él está entrando triunfalmente a la ciudad de Jerusalén, donde la gente lo recibe con palmas, alfombras en el piso, van a poner lo mejor para recibirlo a él”, concluyó.
SANTUARIO ALISTA 8 ACTOS CENTRALES
El rector del Santuario de la Virgen María de Urkupiña, Iván Vargas, señaló que en Quillacollo la parroquia San Ildefonso tiene previsto realizar ocho actividades religiosas centrales por la Semana Santa.
Mencionó que este año, por la disminución de los contagios de Covid-19, se retomarán las procesiones en las calles. Las celebraciones del lunes y miércoles a las 19:00 serán para renovar la fe en las personas que sufrieron a causa de la pandemia del coronavirus.































