Dilma denuncia "golpe" para dar paso a "un gobierno usurpador"
BRASILIA |
La presidenta brasileña Dilma Rousseff denunció hoy en el Senado que la juzga que su destitución constituiría un "golpe de Estado" que daría paso a "un gobierno usurpador".
La mandataria negó además haber cometido los crímenes por los que es enjuiciada. "No puedo dejar de sentir en la boca el sabor amargo de la injusticia", lanzó.
Rousseff se encuentra cara a cara hoy ante los senadores que deciden su destitución en el que será, si se cumplen las previsiones, su último y más dramático acto como presidenta de Brasil.
La exguerrillera, de 68 años, ingresó al Senado sonriente, acompañada por Lula y aupada por decenas de simpatizantes que gritaban: "¡Dilma, guerrera, de la patria brasileña!".
"Ella está firme, preparada para la batalla", dijo a periodistas el diputado Silvio Costa del PTdoB (aliado a Dilma) en el recinto del Senado.
Será la primera oportunidad que tendrá la mandataria, suspendida en el cargo desde mayo, de defenderse en el Congreso. Y también la última para evitar su destitución.
Una destitución de la presidenta será también el fin en el poder del Partido de los Trabajadores (PT), la fuerza de izquierda que gobierna desde hace más de 13 años la mayor potencia latinoamericana.
Aislada políticamente, agobiada por la peor recesión económica desde los años 30 y con su partido ametrallado por denuncias de corrupción, Rousseff fue suspendida de su cargo en mayo, acusada de maquillar las cuentas públicas.
La votación será el punto final de un proceso que remece al país desde hace nueve meses, junto con una economía maltrecha y el descrédito en una clase política embarrada por escándalos la corrupción.



























