Temer entrega a militares la seguridad de Río de Janeiro
El presidente brasileño, Michel Temer, decretó ayer una intervención federal en el área de seguridad en Río de Janeiro, lo cual entrega a los militares la tarea de acabar con una ola de violencia que desangra a ese estado desde hace meses.
“No podemos seguir aceptando pasivamente la muerte de inocentes. Es intolerable que estemos enterrando madres y padres de familia, trabajadores, policías, niños y niñas, y que veamos barrios enteros sitiados, con sus escuelas bajo la mira de fusiles”, declaró Temer tras firmar la medida, inédita en la historia de Brasil.
Esa frase del Presidente fue casi una fotografía de la cotidianidad de la población carioca, que es víctima desde hace más de un año de una creciente e indiscriminada violencia urbana que el año pasado causó 6.731 muertes, entre las que se cuentan las de más de 100 policías y 10 niños, muchos alcanzados por las llamadas “balas perdidas”.
La decisión de decretar la intervención federal fue adoptada tres días después del fin del carnaval, la fiesta popular más importante de Brasil y, en particular, de Río de Janeiro, donde este año se vio manchada por numerosos y graves episodios de violencia, incluso en los alrededores del popular y vigilado Sambódromo.
Antes de llegar a este extremo, el Gobierno ya había desplegado a mediados del año pasado a 10.000 efectivos de las Fuerzas Armadas en Río, pero con áreas de actuación limitadas y que fueron insuficientes para devolver la tranquilidad a una ciudad que es “la cara” de Brasil ante el mundo.
Según Temer, el decreto entra en vigor “inmediatamente”, pese a que deberá ser ratificado por el Parlamento por imperativos legales.
CÁMARAS LEGISLATIVAS DEBATIRÁN LA MEDIDA
De acuerdo a la Constitución, las cámaras legislativas deberán ser convocadas para debatir la medida en un plazo de diez días, pero tanto la directiva de la Cámara de Diputados como del Senado ya han manifestado su respaldo y anunciado que la estudiarán la semana próxima.
La intervención federal fue aceptada por el gobernador de Río, Luiz Fernando Pezao, quien admitió que las autoridades no estaban preparadas para garantizar la seguridad en el Carnaval, fiesta de la que incluso estuvo ausente el alcalde de la ciudad, Marcelo Crivella, un evangélico crítico de esas celebraciones.
Tanto en Río de Janeiro como en el resto de Brasil muchas de las cárceles están en manos de bandas, muchas de ellas del narcotráfico




























