Rally Dakar, un balance pendiente
Han pasado ya varios días desde la finalización del rally Dakar, y todavía se hacen esperar los informes ofrecidos por las autoridades de las diferentes áreas involucradas. Se ha dado por exitoso el resultado final de la competencia, pero no se ha mostrado ni un solo dato que corrobore las extraordinarias expectativas generadas sobre los potenciales réditos económicos del espectáculo.
Lo mismo ocurrió el año pasado. Como se recordará, ya entonces fueron muchas las voces que propusieron una evaluación objetiva, libre de prejuicios y apasionamientos, para ver si los beneficios que deja el paso por el territorio nacional de esta competencia justifican o no los multimillonarios gastos que requiere.
Por ahora, lo único que está claro es que ha sido tanto el entusiasmo que ha ocasionado el fugaz paso de los competidores por nuestro territorio, tan enorme el despliegue propagandístico que lo acicateó y tan escasa la información fidedigna sobre la real relación entre los costos, los beneficios y los eventuales perjuicios que el rally Dakar habría traído consigo, que no es fácil formar una opinión que vaya más allá de la propaganda.
En todos los países que se involucraron en el asunto también abundan los cuestionamientos. Por eso, y antes de tomar posiciones y decisiones al calor de una euforia atribuible a un inusitado despliegue propagandístico, lo más recomendable es buscar mejores y menos onerosas fórmulas para tratar la deficiente autoestima colectiva que, por lo visto, es un problema nacional que requiere urgente atención.



















