Orinocan citizen
El título del artículo no podía ser “Citizen Evo” porque “Citizen Kane” se considera un hito en la cinematografía del cual no se harán refritos, y Evo Morales, el elegido por el dios Inti, “espuma de plata” descendiente de los inkas, también es único y sólo se reproducirá en siglos como afirman sus admiradoras. Siempre es posible encontrar algunas anécdotas que aproximan vidas que se desarrollaron en otra época, o algunas características que aproximan a individuos distintos. William Hearst (el personaje retratado en “Citizen Kane”) y Evo Morales (el presidente originario de Orinoca) puede que se parezcan o sean completamente diferentes. Lo que realmente les aproxima son sus tácticas. Hearst, el padre del periodismo amarillo, relanzó sus periódicos con crónicas del crimen y de la guerra y aparentemente no sólo susurra sus tácticas, las habría transmitido telepáticamente como una peculiar herencia a un subconsciente.
Si no existe un enemigo se lo imagina y se lo elabora. Ese es el lema. Hearst parece ser asesor del gobierno del MAS. La egolatría podría ser un rasgo difundido, común (el primero mandó a construir un castillo donde se recluyó, el segundo un museo que en el árido altiplano boliviano debe verse como un transatlántico en un mar chicha). Sin enemigos como pie de apoyo le hubiese sido imposible gobernar: un gobernador masacrador de inocentes; cooperativistas aprovechados; agentes chilenos abusivos; opositores mentirosos; ahora cuando el stock parece agotado se apela al pasado, capitalizadores que perjudicaron la economía boliviana y dictadores que victimizaron la población boliviana. La whiphala reúne todos los colores del arco iris, la bandera del MAS, sólo tres, debería adoptar el color amarillo como símbolo como se le asignó al padre del periodismo amarillo. El periodismo amarillo no tiene imaginación, el MAS tampoco; se consideran extremadamente astutos (Hearst aparentemente lo era) y capaces de engatusar a cualquiera (al “hermano” presidente, el “ hermano” vicepresidente le regaló “El arte de la guerra”); no era necesario, la táctica ya está definida. Se crea o se alimenta de los escándalos, los crímenes y la confrontación o apuntando a algún opositor; se juega al justiciero: no se protegerá a ningún alcalde corrupto (por supuesto, la corrupción, está solamente en la oposición, es completamente desconocida, no es originaria. “…el ama sua, ama llulla, quedó sin traducción, es tradición milenaria; todo lo malo y nocivo llegó del imperio. Inocentes e incautos dirigentes campesinos fueron inducidos por malévolos asesores a robar; fieles al no mentir se enfrentó a un cartel de mentirosos y ahora se conforma una comisión de la verdad. Sin contrincante no hay pelea, el enemigo es de gran utilidad, si nadie lanza golpes no hay nada que esquivar. Pero. Para el Orinocan Citizen, todos son o se les hace contrincantes; pero para que no sean peligrosos se los debe maniatar. Cuando se juega sucio, lo imprescindible y fundamental, es corromper al juez (Hearst, lo supo y Morales también, es necesario ser copropietario de la ley). En el límite de la insanidad, como la obsesión de Kane por “Rosebud”, La CIA de los “Ponchos Rojos” deja de matar perros y se va a descubrir una conspiración contra el gobierno de Morales.
No es egolatría ni narcisismo, porque se sitúa muy por encima del bien y del mal. Es libre. Señala la dirección del proceso de cambio y el modo de pensar. Sus seguidores embobados le contemplan y permiten todo. The End. (El final es banal, muchos abandonan su butaca).
El autor es administrador de empresas.
Columnas de GUSTAVO L. QUIROGA MERCADO





















