“Empate técnico”
Cuando el vicepresidente Álvaro García Linera comentaba los resultados del referéndum del 21F de 2016, quiso sorprender a la ciudadanía expresando que el Sí que logró el 48,7% había empatado al No que obtuvo el 51,3%, indudablemente la diferencia era estrecha pero resulta que un referéndum se gana o se pierde con un voto como lo dijo el presidente Evo Morales a tiempo de comprometerse a no repostularse si el No ganaba, así sea con un voto.
Sin embargo, en el escenario actual la expresión del Vicepresidente habría sido cierta, ya que las encuestas muestran un empate técnico entre Evo Morales que tiene 32% de preferencia ciudadana y Carlos Mesa que tiene 27%. Afirmamos esto, porque según la Constitución, para acceder a la presidencia en primera vuelta el candidato ganador, debe superar el 40% y el candidato que le sigue estar por lo menos 10% por debajo, requisitos que en la actualidad no se cumplen porque ni Morales llegó al 40% ni Mesa está 10% por debajo, configurándose en consecuencia el “empate técnico” que debe desempatarse en una segunda vuelta, la misma que extrañamente no ha sido programada por el Tribunal Electoral.
Este panorama hace que las elecciones del 20 de octubre sean las más interesantes de los 14 años de reinado masista, ya que en las anteriores los resultados se conocían de antemano por la abundante ventaja que siempre tuvo el oficialismo tornando aburridos los debates y análisis. Hoy la correlación de fuerzas ha cambiado y desde el 21F la ciudadanía mayoritariamente ha quitado su apoyo a Evo Morales, quién del soberbio discurso de “no somos inquilinos, hemos venido para quedarnos toda la vida” ha pasado a un lastimero “cinco años más”.
En este contexto, las encuestas también muestran que el 70% de la ciudadanía considera que el MAS hará fraude para desempatar en primera vuelta ya que si se llega a una segunda vuelta su derrota estaría asegurada. En esta línea, considerando el poder del oficialismo con todo el aparato de Estado a su disposición, el control de los medios de comunicación, el monopolio de la difusión de encuestas, la denunciada parcialización del Tribunal Electoral, la inflación injustificada del padrón en lugares favorables al MAS, el acarreo de votantes, la previsible manipulación del voto en el exterior, etc., varios políticos y analistas han dado por descontada la victoria oficialista en primera vuelta.
Sin embargo, lejos de resignarse, la ciudadanía vencedora del 21F ha comenzado a preguntarse ¿es el fraude invencible? Y ciertamente no lo es, históricamente el pueblo de Bolivia ha derrotado parecidos intentos fraudulentos, quizás menos sofisticados, pero el pueblo siempre ha encontrado los caminos para enderezar los mecanismos con los que se ha querido torcer su voluntad, recordar al general Juan Pereda que en 1978 tuvo que anular sus elecciones y dar golpe de Estado quizás es el caso más emblemático.
Vistas así las cosas, ya no es fundamental si gana Morales o Mesa, sino asumir como pueblo el reto de rechazar el fraude y garantizar elecciones limpias. En este propósito la ciudadanía ha protagonizado tres multitudinarios cabildos y ha planteado algunos caminos para derrotar al fraude antes, durante y después de las elecciones, en una posición que no se la puede descalificar como de apoyo a ninguna de las candidaturas, aunque Mesa se sienta el beneficiario de la lucha ciudadana.
A la luz de la historia, lo sensato es que el MAS renuncie a la utilización de medios y mecanismos fraudulentos y se someta a una elección limpia, de manera de relegitimarse si el pueblo le renueva la confianza, o dejar el mando pacíficamente si el pueblo elige a un nuevo presidente; lo contrario significará un terrible golpe contra la vida democrática del país.
El autor es abogado
Columnas de FREDDY CAMACHO CALIZAYA


















