Los peores traidores del MAS
A pocos que no son militantes o simpatizantes del partido que gobernó 13 años Bolivia, les quedan dudas de que lo menos que pasó con este partido es que muchos de sus dirigentes defeccionaron, traicionaron y renunciaron a postulados sociales e ideológicos que los encumbraron después de la guerra del gas. Dirigentes, especialmente de los círculos del Palacio de Gobierno, contertulios del poder y de complicidades de corrupción fueron apenas hombres y mujeres temporales, ominosos, sin mayor trascendencia que lo efímero y cuya profundidad llegó apenas a una gramática de la amenaza, el insulto y el lenguaje del odio que desencadenó en violencia.
Pero ¿fueron ellos y un algoritmo de torpeza, megalomanía, arrogancia y hasta estados mentales alterados los que afectaron al partido con mayor presencia territorial de Bolivia? Es difícil decir que no. Fueron ellos y un liderazgo en estado de desconcierto y perplejidad, que no aprendió las lecciones de la marcha indígena por el Tipnis de agosto de 2011 y menos cuando contrastó, con datos, el 21 de febrero de 2016 que la mayoría de los bolivianos “no lo quería”.
Pero todo eso se sabe y aún se escribirá e investigará más, porque hay la necesidad de responder muchas preguntas que son necesarias explicar y comprender. Pero, con todo, quizás eso no sea lo único peor de este proceso de transición. En apenas horas de la defección, renuncia y abandono del cargo por parte del presidente Morales, se multiplicaban otras renuncias a cargos jerárquicos políticos, y/o electivos, además de decenas de autoexiliados, muchos de ellos sin mayor relevancia que el haberse afeitado los bigotes para pretender pasar desapercibidos en su huida.
Pero ni aquellos, ni estos últimos, fueron los peores traidores al MAS y su gobierno, en ese tráfago que es la política abundan otros, aquellos que “no disciernen ni entienden lo que los otros disciernen” son, en palabras de Nicolas Maquiavelo, los inútiles, los aduladores que haciendo gala de su inutilidad se adhieren al poder para lograr cargos, canonjías y todo tipo de favores que los toman como compensación de una lealtad desmedida, la cual se agota tan pronto un cálculo primario les avisa que su hora se acabó y que llegó el momento de migrar a otro que lo cobije y esté dispuesto a la contraprestación de servicios políticos.
De esos otros traficantes de la política, algunos muy sobrios en apariencia, con favores de ida y vuelta, con títulos profesionales, cargos y hasta academia, junto a los de menor cuantía, se llenaron tribunales, fiscalías, generalatos, consultorías nacionales e internacionales, gerencias y hasta pequeñas miasmas del poder. De esos otros, plagiarios de la dignidad, se llenó el MAS especialmente en el ámbito urbano. A la caída del régimen, miles en las redes sociales disparaban su artillería contra sus jefes en desgracia, algunos excandidatos invitados a diputados, a dentelladas mordían las manos que otrora les dieron prestigio o de comer y ofrecían tanta o más información que cualquier agencia de inteligencia y hasta caminaban con los eventuales ganadores de coyuntura como viles e ingratos desertores y desertoras.
Esa podredumbre política no puede dejar de ser visibilizada, en estos momentos de transición desechar es la consigna, no reciclar a ese especial oficio en la política boliviana de quienes en la vida cotidiana se asoman al poder y hacen que la política degenere en mediocridad y se llenen cargos con ese perfil tan deleznable que perjudica grandemente a los líderes que pretenden renovar la política. El MAS y su gobierno no pudo con sus errores ni con esos otros, se llenó de miles de ellos, hoy abandonan el barco y ya vuelcan sus ojos a las encuestas.
El autor es abogado y docente universitario
Columnas de RICARDO ONDARZA SALAS






















