Los KK son bioterroristas
Cada día que pasa, el bloqueo en el acceso al relleno sanitario de K’ara K’ara se complica y la basura se acumula en las calles, incrementando el riesgo de contaminación y de contagio entre los cochabambinos.
Ya queda claro que, quienes están reclamando por la fuerza el fin de la cuarentena o la renuncia de la presidenta Áñez, no tienen como prioridad volver a trabajar, sino y más grave, quieren provocar una hecatombe biológica y así responsabilizar directamente al Gobierno. Hasta el más imbécil se da cuenta de que estamos soportando en Cochabamba una agresión directa contra la salud pública. Lo peor es que los bloqueadores saben que el coronavirus se propaga rápidamente en lugares insalubres y sucios. La basura es su principal caldo de cultivo.
El turbio negocio de la basura ha impedido que Cochabamba pueda considerarse dignamente una ciudad moderna; técnicamente, es un basurero. A la vista gorda de las autoridades competentes se ha consolidado una cadena mafiosa de recolección, provisión, selección e industrialización clandestina de residuos. Los grupos corruptos de poder han influido, económica y políticamente, sobre los recolectores de basura para convertirlos en una casta superior con más derechos que un ciudadano común y menos obligaciones sociales que en cualquier tribu primitiva. Estas gentes han logrado que la zona inhóspita del botadero de K’ara K’ara se convierta en pocos años en una zona residencial sobre la base de loteamientos ilegales y extorsiones.
Nuestra ciudad apenas está resolviendo sus problemas de servicios básicos y el tema de la basura enclaustra, aún más, a los cochabambinos. Es que Cochabamba sufre, desde hace dos décadas, el chantaje de aquellos seres que yo denomino “los KK” (los de K’ara K¿ara), tan nocivos en la corrupción como los K (los Kirchner en Argentina) y tan genocidas como los KKK (los Ku Klux Klan en Estados Unidos). La mafia de los KK siempre impidió el emplazamiento de plantas recicladoras de basura, así como obstaculizó el cambio de lugar del botadero, sólo por conservar sus intereses privados en el negocio. Con todo el dinero que se ha gastado complaciendo los apetitos de esta gente poco racional ya se hubiera construido siete plantas de tratamiento de basura.
Lo peor de todo es que los eternos candidatos a la alcaldía y los que han tenido la suerte de ser elegidos alcaldes jamás han cumplido sus promesas electorales sobre el asunto de la basura. Son los bloqueadores, narcoizquierdistas y militantes azules, que han apostado por el desastre. En estos días han echado a los cuatro vientos sus frustraciones cuando gritaban falsamente que en K’ara K’ara las autoridades están matando indígenas y haciendo correr sangre de mujeres de pollera. Los mismos castrochavistas que en octubre pasado han amenazado a los cochabambinos con hacer volar las pasarelas y puentes de la ciudad a punta de dinamita. A nadie ya extraña que las instrucciones para el bloqueo las impartieron los exiliados en Buenos Aires, en coordinación con los asilados en la embajada de México en La Paz. Todos azules.
No cabe duda que los delincuentes que bloquean K’ara K’ara tienen experiencia para negociar su impunidad y ser gratificados con obras para sus barrios. Algo no está bien. La solución es radical y no pasa por ceder a las peticiones irracionales de los bloqueadores. Llegó la hora de implantar la autoridad contundente y la ley, de la misma manera como se castigó a los primeros cochabambinos que infringieron las normas de la cuarentena. A ellos los detuvieron y les aplicaron la ley por el delito de atentado contra la salud pública. La mayoría asumieron su culpa y acordaron con la Fiscalía su condena en procesos penales abreviados.
También llegó la hora de que la presidenta Áñez declare a todos los botaderos sanitarios de Bolivia, incluido el de K’ara K’ara, como reserva territorial de seguridad sanitaria para la población. Si es por el bien de todos, adelante.
El autor es abogado
Columnas de MARCELO GONZALES YAKSIC

















