Sorpresas de Vargas Llosa
Desde su enfrentamiento electoral con Fujimori, que perdió, Mario Vargas Llosa se convirtió en el portavoz de la extrema derecha en el mundo. Sin embargo, su obra está salpicada con los alegatos más vigorosos contra el colonialismo, en especial El sueño del Celta, una biografía del cónsul británico en el Congo y en la Amazonía, sobre la explotación del caucho en su Informe sobre el Congo y en su Informe sobre la Amazonía o Libro Azul, que le valió el reconocimiento del rey inglés con el título de Sir; aunque acabara mal su vida, se dio el gusto de que el imperio cauchero de Julio César Arana en el Putumayo se derrumbara, pero nunca fuera juzgado y sí más bien elegido senador. Murió en Lima a los 88 años de edad.
El cónsul se llamaba Roger Casement, nacionalista que soñaba con la independencia de Irlanda, rebajada a colonia desde el año 1000 por Guillermo el Conquistador.
La principal riqueza natural del Congo belga fue el caucho, y los representantes de Leopoldo II cometieron tales crueldades que no le renovaron el contrato, el cual pasó al Estado belga. De allí la explotación del caucho se extendió al Putumayo, en Perú, a la provincia Acre, en Brasil y al Nordeste boliviano, incluidos los caporales, unos negros crueles que no se ahorraron sevicias contra los naturales de América.
Siendo un joven oficial, el futuro Presidente Pando exploró la cuenca fluvial del Beni y dejó unas Memorias en las cuales recomienda cazar a los pueblos “salvajes” (pueblos nómadas de tierras bajas) no sólo con rifles sino con perros de caza. Aun así, el Departamento se llama Pando, aunque hay un movimiento que quiere cambiarle el nombre como Departamento del Noreste, ya no Pando.
Los primeros caucheros fueron del Norte de La Paz, cuando el caucho consiguió cotizarse en el mercado mundial demandado sobre todo por la industria automovilística. No había suficiente mano de obra, y entonces hubo “recolección” de los pueblos de tierras bajas, en especial de los guarayos de Santa Cruz para este fin.
En el centro de Santa Cruz hay la calle Beni, donde en la época había un letrero: Por aquí se sale al Beni, pero ya no se regresa. Esto porque los guarayos salían a pie, cargados de cadenas, por dicha calle, según testimonio de un investigador cruceño. No todos llegaban a las estradas gomeras, pues muchos eran vendidos al Brasil, a Perú y a Colombia, que también explotaban goma.
El autor es Cronista de la ciudad
Columnas de RAMÓN ROCHA MONROY




















