Verdes
Uno tiene 158 hectáreas de superficie y tres lagos artificiales, fue creado el 21 de agosto de 1954. Otro, 4.000 por 800 metros, varios lagos artificiales, dos pistas de patinaje sobre hielo y áreas cubiertas de hierba utilizadas para actividades deportivas, fue creado en 1853. El tercero tiene 309.091 hectáreas, alberga 30 especies de mamíferos, 163 especies de aves, dos de reptiles y dos de anfibios y existe de manera legal desde 1962. Estas superficies tienen en común que son parques. El primero es el de Ibirapuera, en Sao Paulo, Brasil. El segundo es el Central Park de Nueva York y el tercero es el Parque Nacional Tunari (PNT).
Los dos primeros son los núcleos verdes de sus ciudades. Son pulmones, sitios de recreo y aparecen en películas y spots publicitarios. El tercero es un vertedero de basura, un mingitorio a cielo abierto y quienes viven allí, en la ilegalidad, defecan sobre los que están debajo. Así como lo lee y posiblemente quede ofendido al hacerlo.
Sin embargo, esa ofensa es poca comparándola con hechos fehacientes. Hace tres años se aprobó la Resolución Administrativa VMABCCGDF Nº 006/18 que permite suministrar energía eléctrica a quienes fueron a vivir en el PNT. De ahí al avasallamiento y al loteamiento bastó un paso, y como dijo la periodista Katiuska Vásquez: “en el Parque hay la constante presión inmobiliaria que existe para urbanizar las torrenteras, franjas de seguridad y hasta acuíferos. Estos asentamientos ilegales han causado desastres de magnitud en Tiquipaya en 2018 y 2020”.
Emitir criterios negativos o prohibiciones no sirve. Al parecer, la educación ambiental poco ayuda. Entonces es posible pensar en una tercera vía. Especialmente porque se acercan las elecciones subnacionales y la planificación urbana debería encabezar los planes de los candidatos, no así los pactos y convenios que firmarán a puerta cerrada con los transportistas, que a cambio de votos y apoyo consiguen permisos para sus recorridos, que sus vehículos no paguen impuestos y no sean sometidos a una inspección vehicular.
La planificación permitiría la construcción vertical, en lugar del avance urbanístico sobre las tierras agrícolas y, copiando los buenos ejemplos, Cochabamba podría obtener lo que ha obtenido Medellín, ser una ciudad sostenible y verde.
La alcaldía de esa ciudad está abriendo un total de 30 corredores verdes, 18 de ellos en calles y avenidas, y 12 en entornos y riberas fluviales. En total, cuando estén finalizados en 2022, aportarán a la ciudad 3.000 nuevas hectáreas de zonas verdes, con más de 20.000 árboles y 63.000 arbustos.
Por tanto, para que Cochabamba sea una ecociudad se requieren ecociudadanos y una política pública para el desarrollo sostenible, para evitar, entre otras cosas que los cochabambinos beban excrementos.
La autora considera que es vital proteger al Parque Tunari
Columnas de MÓNICA BRIANÇON MESSINGER





















