Corrupción institucionalizada
No es ningún secreto que Bolivia es un país en el que no existen instituciones ni mediana y mucho menos altamente organizadas que tengan una actuación que pueda predecirse con cierta confianza, e interpretarse como la labor de una entidad dotada de personalidad jurídica propia, con continuidad y proyección en el tiempo.
Por el contrario, lo que es innegable que en las llamadas instituciones se ha institucionalizado y tiene una práctica con continuidad y proyección en el tiempo es la corrupción, obviamente deben existir algunas excepciones.
Los actos de corrupción que están sorprendiéndonos en este último tiempo más bien no deberían hacerlo, porque no son actos que se realizan de manera espontánea, aprovechando alguna coyuntura abierta temporalmente, ¡No! son actos que se mimetizan en la irresponsabilidad, el poco profesionalismo de los funcionarios, su falta de seriedad y el deseo incontrolable del enriquecimiento ilícito.
El corrupto, que es un delincuente, crea en su entorno los mecanismos de respaldo —que parecen serios, necesarios y profesionales— para poder utilizar los dineros y otros recursos del Estado en beneficio personal y de su entorno familiar. Lo que vendría a ser el beneficio de la corrupción institucionalizada se utiliza para comprar bienes, artículos suntuosos, vehículos, viajes y otros, del que disfrutan el corrupto y su entorno y, además, parte del producto obtenido por la corrupción institucionalizada, se utiliza en asuntos políticos para disponer de los medios que permitan afrontar el presupuesto que las necesidades partidarias exigen con el fin de conservar el manejo de las instituciones ya pringadas de la corrupción.
Si acaso no tienen éxito en que sus grupos ganen elecciones y así puedan seguir manejando las instituciones ya corrompidas, entonces va a depender de quien entre a esa institución ya sea para destruir el esquema del manejo corrupto, o, para entibiar las denuncias y disfrazar los esquemas de corrupción y seguir en esa rueda inmoral para obtener sus propios ingresos, manteniéndose al dueño de los recursos y bienes de esa institución que es el pueblo como víctima del delito, sin que pueda realizar los actos legales para destruir ese pernicioso esquema delincuencial.
Dentro de los esquemas de corrupción encontramos aquellos específicos en determinadas actividades institucionales, que ya no son una estructura construida para la corrupción, sino son actos de complicidad de entornos pequeños que tienen acceso a situaciones que permiten este tipo de actos. Para citar uno, un estudiante de la Carrera de Ciencias Jurídicas y Sociales en la universidad pública, recibía cheques girados a su nombre sin que exista ningún motivo legal para que se le pague, obviamente el corrupto no es solo el que recibe el cheque, también lo son el que lo gira y el que autoriza que se haga ese pago. Y así se va ampliando el circulo de corrupción hacia arriba.
Además del propio acto delictivo del que recibía esos indebidos pagos, hay un agravante que tiene connotaciones futuras muy delicadas. El corrupto estudia derecho, es decir se forma para ser abogado, lo que nos muestra la falta de formación ética en las universidades, porque cuando se reciba profesional ese corrupto va a recibir un título como un arma para salir a atacar a la sociedad, porque, obviamente, no tiene ética ni moral.
El autor es abogado
Columnas de FERNANDO RODRIGUEZ MENDOZA




















