Tiempos de incertidumbre
El conflicto entre Rusia y Ucrania se robó toda la atención del mundo. De un tiempo a esta parte, nadie hablaba de Siria, tampoco de los talibanes en Afganistán ni de la desnutrición que azota a la población infantil en extensas regiones de África.
Hasta hace un par de semanas, la pandemia se había convertido en tema secundario. Ahora, en cuanto Europa ha empezado a retirar las restricciones para volver a la normalidad, de repente los medios de comunicación han llenado sus portadas con noticias e imágenes de calles desiertas en Shanghai, una ciudad de millones de habitantes que se ha replegado nuevamente al confinamiento, por una supuesta explosión de casos de SARS-CoV-2. ¿A dónde se dirige todo esto?
Vivimos en un mundo, donde el sensacionalismo y muchos medios de comunicación llenan sus páginas con información distorsionada y manipulada. Su meta es vender humo y verdades a medias: noticias que desinforman, que desatan miedo, incertidumbre, resentimiento y odio en uno y otro bando en conflicto. Entiéndase que el conflicto no se limita solamente a la guerra, sino también a esos que creó la pandemia.
Mientras la atención está enfocada en esos temas, nuestro planeta, el único hogar y testigo de las tropelías que cometemos los humanos, sigue siendo azotado de manera inclemente. La extracción salvaje de recursos fósiles y minerales; la deforestación de las selvas tropicales y la emisión de ingentes cantidades de dióxido de carbono y metano a la atmósfera siguen y van en aumento. ¿Quién reporta todo esto?
Los “ecologistas progres” hablan del cambio hacia el uso de fuentes de energía verde renovable. Ellos saben que un cambio no será posible a corto y mediano plazo, mientras los políticos no cambien y prioricen su agenda. A los políticos no les interesa reemplazar las fuentes de energía fósiles, porque éstas representan un gran negocio. Esa falta de visión y voluntad está mostrando la vulnerabilidad de Europa y su dependencia de fuentes de energía que le provee Rusia.
¡Así de fácil! Europa es presa del autócrata Vladimir Putin, ese que envenena al que se opone, ese que impone, que ejerce violencia, que manipula y chantajea como le viene en gana. ¡Qué ironía!, el “primer mundo”, con toda su riqueza financiera y tecnología, sometido a un caudillo que gobierna un territorio rico en recursos naturales y sin los cuales la maquinaria de los primeros corre el riesgo de enfriarse y paralizarse por completo.
Las sanciones impuestas a Putin y a sus oligarcas no cambiarán mucho el panorama. Todos sabemos que el dinero sucio de esos corruptos genera dividendos generosos a los banqueros de occidente. Renunciar a ese negocio por mucho tiempo sería el suicidio y eso les queda claro a los usureros amasadores de fortunas fáciles. Saben que todo esto es sólo cuestión de tiempo.
Esa simbiosis corrupta entre banqueros y oligarcas es comparable con las películas de Drácula, en las cuales la “víctima” rechoncha entrega su yugular al vampiro, quien clava sus afilados colmillos para extraer, lavar y almacenar esa savia que alimenta, enriquece y corrompe. Así es como funciona ese círculo vicioso. La “víctima” tiene sus propias víctimas, que poseen una fuente inagotable de savia fresca.
En ese escenario, donde actores políticos y esos que se agarran a bofetadas, para después dejar brotar lágrimas a raudales, vivimos también los otros, que consumimos lo que nos ofrecen los primeros. Todos sin excepción cobijados por el planeta Tierra, ese que está hastiado de tanto atropello. El mismo que hace dos años, con un leve suspiro que se podría interpretar como un síntoma, ha provocado una pandemia que ha puesto al desnudo la vulnerabilidad del ser humano. Esa pandemia ha mostrado que la crisis sanitaria está en estrecha relación con la destrucción del medio ambiente.
La pandemia es sólo una pequeña muestra de lo que podría venir, si no se frena bruscamente la sobreexplotación de recursos y el envenenamiento de la atmósfera con la emisión de gases de efecto invernadero. El cambio hacia energías renovables no es suficiente, ya es demasiado tarde para eso. Hoy se debe reconsiderar el uso de energía nuclear, por ser una fuente de energía que no emite dióxido de carbono.
El planeta tiene fiebre y ésta no se combate con discursos y buenas intenciones. La solución no está en bajarse del coche para subirse a la bicicleta, tampoco apagando los calefactores y menos eliminando los límites de velocidad en autovías; o creando días del peatón cada dos o tres meses. Un enfermo que padece cáncer de pulmón no se cura solamente dejando de fumar. Necesita de una intervención rápida, decidida y rigurosa.
Columnas de RUBÉN CAMACHO GUZMÁN




















