¿San Juan sin contaminación?
La reciente celebración de San Juan ha demostrado que las personas tienen una mayor conciencia ambiental en Cochabamba debido a que la contaminación atmosférica disminuyó notablemente. Sin embargo, es necesario trabajar para promover una mayor conciencia ambiental para evitar incendios como el registrado en el Parque Nacional Tunari, el principal “pulmón” de la región metropolitana, desde Sacaba hasta Sipe Sipe.
Aunque aún persiste una capa de esmog sobre la región del valle, esta es cada vez más reducida y no se compara con la que se registraba hace 10 años o más, cuando principalmente la ciudad hasta Colcapirhua y Quillacollo estaban totalmente cubiertas de polución y se registraba una mala calidad del aire.
En el pasado, los niveles de contaminación sobrepasaban los 300 microgramos por metro cúbico de partículas. Sin embargo, en los años recientes ya no se superan los 200 microgramos. El dato se refleja en que los pobladores ya no están expuestos a la contaminación atmosférica como en aquel tiempo.
Hay que destacar que gran parte del resultado se debe al cambio de la población que ha reducido drásticamente el encendido de fogatas y el uso de pirotecnia. Gran parte del resultado se debe a las campañas de educación ambiental que realizan los municipios y Gobernación a través de normativas como la Ordenanza Municipal 421o, que prohíbe la comercialización de los juegos pirotécnicos y las quemas e imponen sanciones económicas y el decomiso de los productos.
A pesar de los esfuerzos para desalentar las quemas cada año se producen incendios forestales que afectan principalmente al Parque Tunari. El más reciente afectó más de dos hectáreas de pastizales en la zona de Leuquepampa. Presuntamente, se trató de un incendio provocado por excursionistas que acamparon en el lugar durante el feriado del Año Nuevo Andino. Con esa referencia es imprescindible que la Fiscalía Ambiental abra una investigación para sancionar a los responsables.
Otros incendios afectaron a serranías como Pisiga, en la zona sur de la ciudad, y Catachilla, en Sacaba. Estos atentados ambientales demuestran que el desafío ahora ya no es apagar fogatas, sino evitar que el fuego consuma árboles y “pulmones” y fuentes de agua.
El reto de las instituciones es avanzar en cultivar una mayor educación ambiental que transcienda la época de San Juan y en generar mecanismos de prevención que eviten incendios en el Tunari y en otros espacios que representan vida y son el hábitat de especies de flora y fauna.
La educación ambiental debe ser permanente y no limitarse a un día en el calendario. Otro desafío es regular el uso de los juegos pirotécnicos que se utilizan para una diversidad de festividades sin reparar en el daño que ocasionan a las personas y a los animales por la contaminación acústica. El respeto por el medio ambiente y el cuidado de la calidad del aire necesitan de acciones sostenidas.




















