¿Por qué importa el servicio público en Bolivia?
Entrar la administración del Estado es una oportunidad única de servicio en un país donde las posibilidades de trabajo son menguadas o casi inexistentes.
Las prácticas gubernamentales del antiguo régimen aún conviven con las formas nuevas de servir y reconstruir la institucionalidad.
Cierto que ‘Tranca cero’ es una declaración de fe en la solvencia de un Estado que confía en sus ciudadanos, agiliza los trámites burocráticos y elimina los innecesarios y superfluos.
Pero las instancias administrativas de los ministerios y afines aún cuentan con funcionarios de la anterior administración que dificultan la ejecución eficiente de los planes operativos anuales (POA) como práctica fehaciente de un poder que se resiste al futuro y lo enfrenta de forma abierta o disimulada.
Para eso cuentan con normativa engorrosa que impide la agilidad de cualquier trámite por nimio que sea. Los funcionarios del anterior régimen están en las oficinas de las diferentes instancias gubernamentales y las explicaciones que dan de los resultados de su trabajo van de lo pueril al victimismo. No se hacen responsable del descalabro económico del que fueron parte, por acción, omisión o indiferencia.
No es fácil reinventar el país que fue quebrado por un populismo inoperante.
Se requiere no sólo de un espíritu de cuerpo sino de gente convencida de que servir a los demás desde el ejercicio público es un privilegio y un honor. ¿Cómo ser un funcionario con una fe inquebrantable en una institucionalidad que es aún volátil y de fragilidad manifiesta?
Los decretos y disposiciones nuevas requieren reglamentaciones precisas y un ordenamiento de Estado que aún dista de ser el ideal. Mientras eso ocurre, los funcionarios del pasado toman decisiones en cargos de responsabilidad y soslayan las acciones y el manejo eficiente del Estado por parte de los servidores públicos entrantes.
Los primeros siguen a cargo de las decisiones administrativas y financieras en muchas entidades públicas y los POA que se están ejecutando son los diseñados en 2025 y respondían a consignas ideológicas en otro horizonte y perspectiva de Estado.
Ningún funcionario público actual es ajeno a los tropiezos propios de una administración pública que va emergiendo desde el caos del anterior. Se requiere una paciencia infinita y una fortaleza a toda prueba para sortear las dificultades en un Gobierno que necesita gobernar con los ciudadanos mejor formados y probos del país.
Y este asunto va más allá de querer hacer las cosas bien y cambiar el rumbo del Estado. Se precisa que los mandos medios de la administración estatal sean personas capaces e idóneas a nivel técnico, pero también juiciosas y probas para tomar decisiones y eficientes para lograr resultados, y los proyectos avancen en ejecución, con altos estándares de calidad que permitan que la confianza y credibilidad del país dé el giro pertinente.
Los funcionarios públicos del presente y del futuro deberán comprometerse con la construcción de una Bolivia próspera y distinta, capaz de atraer inversiones dirigidas al desarrollo sostenible y al bien común, como norte gubernamental.
La autora es docente titular de la UMSA e internacionalista
Columnas de NELLY BALDA CABELLO




















