Más de lo mismo
La ausencia de una cultura urbana y las limitaciones, por causas estructurales, pero también de cálculo mezquino de las autoridades para hacer respetar el espacio público, como lo hemos señalado en forma reiterada e insistente, hacen que cada quien se sienta propietario de éste y lo privatice en su beneficio.
Ejemplos palpables de ello en Cochabamba son, además de la facilidad con la que se bloquean calles y plazas, la actitud de los vendedores de mascotas y de vehículos usados.
Los primeros no quieren salir de las inmediaciones del estadio Félix Capriles, donde se instalan los días domingos, y los segundos de la Av. Beijing, donde los días sábados impiden el flujo vehicular por esa zona en la se acaba de inaugurar el viaducto más grande del país.
La Alcaldía ha destinado para ambos comercios informales espacios en la circunvalación en la zona norte. Pero los ciudadanos, hombres y mujeres, que se dedican a ambos negocios no quieren abandonar los espacios que virtualmente han tomado en contra de toda lógica y norma.
Para colmo de males, unos comerciantes del Distrito 9 de la zona sur de la ciudad han decidido invitar a los comerciantes de animales para que se instalen en algunas calles de su área y cuando la Alcaldía ha ido a retirarlos, no han dudado en enfrentar a los guardias.
Sin negar que se trata de una misión compleja, si las autoridades quieren prestar un buen servicio a la ciudadanía y cumplir sus atribuciones, deben apostar por crear una cultura urbana que haga de Cochabamba una ciudad amable, lo que significa, en el caso que se comenta, hacer cumplir las leyes y preservar los espacios públicos de manera que la ciudadanía goce de ellos. Lo demás, es avasallamiento.




















