Privatizar BoA
La empresa pública de aviación BoA fue creada en pleno éxtasis fundacional del Estado plurinacional, una muestra simbólica de un país aparentemente musculoso en la economía, supuesta evidencia de que el Estado puede ser un buen administrador. El tiempo se encargó de demostrarnos, nuevamente y ad infinitum, que eso es erróneo.
Así, BoA nació para fagocitar los pasajeros del LAB y Aerosur, empresas dejadas a su suerte y extinción, la última ahorcada con los medios del infierno fiscal, antes de eliminar a la competencia, dicen los estatistas: ¿cómo el Estado Plurinacional no puede tener su propia línea bandera?
En su oportunidad se denunció que el nuevo botín político tenía como proveedor de servicios de refrigerio a la empresa Air Catering, contratada por “invitación directa”, cuya socia era la cuñada de Álvaro García Linera. Todos se indignaban del tamaño de esas galletitas y ese juguito que se entregaba a los viajeros, pero pocos imaginaban el ambiente sobre el cual crecía esa empresa, aguas estancadas en el uso indebido de influencias, incumplimiento de deberes, conducta antieconómica, corrupción, contratos millonarios lesivos al Estado, malversación, déficit, etc.
Aproximadamente 40 incidentes mostraron un organismo con serios problemas mecánicos y tecnológicos, el “evorato” trató de echar perfume sobre BoA, hasta que se decidió mostrar lo que todos sentíamos haciéndonos a los desentendidos, como cuando vives al lado de un pantano y con el paso del tiempo el olor nauseabundo ya no te molesta.
El exministro de Obras Públicas, Yerko Núñez fue lapidario: “Por cada boliviano que vendía, (BoA), se gastaba dos bolivianos”. Mediante una auditoría se evidenció que, entre 2017 y 2018, los costos de operación ascendieron a 131,6 millones de bolivianos, el doble de los ingresos, 80 millones: quiebra, no hay rentabilidad.
Además, hubo sobreprecio en los refrigerios, se gastó 248 millones de bolivianos con “deficiencias en el sistema de contratación del catering para las gestiones 2016, 2017, 2018”, pagar esa suma, para que los usuarios tengan una bolsita de papitas moradas y su juguito, es digno de investigación.
Cuando una empresa privada tiene semejante déficit, simplemente entra en quiebra y se liquida, pero cuando una empresa pública entre en déficit, no quiebra ni se liquida. Por el contrario, se le inyecta más dinero proveniente de los impuestos de los contribuyentes
En agosto de 2019, se destinó Bs 120 millones para la renovación de la flota de BoA, dinero proveniente de las reservas internacionales netas (RIN). El 35% de esa suma, por “emergencia”, fue para la compra de repuestos.
Subvencionamos a las clases adineradas que viajan por los aires constantemente, así, se denunció un daño económico por cinco millones de dólares de parte de exejecutivos que habrían contratado pilotos de nacionalidad cubana, colombiana y estadounidense violándose el Art. 64 de la Ley de Aeronáutica Civil, la línea de los bolivianos no había sido tanto así.
Pero más allá de las cursilerías nacionalistas, la buena administración exige que las empresas se manejen con eficacia, eficiencia y economía, que el criterio de selección y la toma de decisiones sean económicas antes que políticas, eso no sucederá en la administración pública cuyos criterios son político-partidarios, por lo tanto, BoA debe quebrar, liquidarse o privatizarse, los contribuyentes no pueden tener semejante carga atada a sus cuellos. El Estado debe dejar el servicio aeronáutico al sector privado en libre competencia de precio y calidad, los contribuyentes terrestres no pueden estar subvencionando a los viajeros aéreos.
El autor es representante del Instituto Libertad, Capitalismo y Empresa (ILCE).
Columnas de LUIS CHRISTIAN RIVAS SALAZAR






















