¿Hasta dónde llegará Leyes?
La inminencia de una catástrofe sanitaria de consecuencias inimaginables en la ciudad de Cochabamba evidencia las consecuencias del pésimo desempeño de la Alcaldía, especialmente durante los últimos meses, en el cumplimiento de sus responsabilidades en esta grave circunstancia en la que nos enfrentamos al imparable avance de la pandemia de Covid-19.
En efecto, los hospitales públicos están colapsados, el personal de salud carece de los implementos necesarios para efectuar su delicado y riesgoso trabajo con mínimas condiciones de seguridad, y el problema que significan los cadáveres alcanza dimensiones macabras por las deficiencias que existen para sepultarlos o cremarlos.
El enojo de los líderes empresariales y cívicos locales con el alcalde José María Leyes, al que se suma la advertencia del Ministro de Gobierno y las numerosas manifestaciones de descontento en las redes sociales son la muestra del sentimiento de indignación colectivo que provocan las acciones, e inacciones, de la autoridad edil.
Involucrado, como principal sospechoso, en una docena de causas penales relacionadas todas con actos irregulares en el ejercicio de sus funciones de alcalde, Leyes persiste en una actitud de desafío a las normativas y de negligencia en la gestión que le corresponde cumplir.
Las evidencias de esa negligencia –notorias de manera dramática desde hace semanas, en aspectos específicos como la carencia de un plan de contingencia integral para contrarrestar el avance de la pandemia en el municipio o de un centro de aislamiento– se acumulan sin señal de un cambio de actitud que alimente la esperanza de que la gestión del Alcalde cesará de perjudicar a los cochabambinos.
El martes, Leyes se quejó de la falta de recursos que estaría atravesando la Alcaldía, pero nada dice acerca de la rendición de cuentas que le reclama el Concejo Municipal sobre los 66 millones de bolivianos que se puso a su disposición para la emergencia sanitaria.
Hace un mes, en una dramática conferencia de prensa, el Alcalde anunció que dejaría sus funciones lamentándose de sufrir una “persecución política”. Once días después, anunciaba que no iba a dimitir de sus funciones.
Ayer, empresarios y cívicos reclamaron su renuncia, por las razones que todos conocen y que llevan al municipio al borde una catástrofe. Es muy posible que los sectores de comerciantes minoristas y del transporte, beneficiados por Leyes, lo apoyen. La indignación del resto de la ciudadanía crece, ojalá lo suficiente para vencer su tozudez en continuar en la Alcaldía al servicio de intereses oscuros que no responden a las urgentes necesidades de la ciudad.
















