¿Otra vez la UMSS?
El resultado final es que, por lo menos en una de las facultades más grandes de la UMSS (Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas), no hemos empezado clases ¡y estamos cerca de la mitad de la gestión!
Para los que indicaron que era muy pesimista cuando, en otro un artículo, dudé respecto a si el conflicto del 2015 en la UMSS serviría para que transmuten las praxis en dicha universidad y, por fin, se priorizara la academia y la institucionalidad, hoy puedo señalar, en albores de renovados líos, que postularé como “Pitonisa”.
Ya hablando en serio, ¿qué ha mutado en la UMSS luego del conflicto anterior? ¿Después de las huelgas y paros de los últimos años?
No es que quiera desmerecer la indignación que lleva a las personas a movilizarse, pero parece que, en el caso de la UMSS, las huelgas y paros recurrentes se develan como un síntoma más de la crisis y no cual expresiones de una posible solución.
El pasado año se generó un conflicto -que paralizó las clases unos cuatro meses- por la pretensión de algunas autoridades de titularizar a los docentes extraordinarios sin exámenes de competencia. En ese contexto, moros y cristianos abogaron por la “academia”, reclamaron por la “institucionalidad”, etc. No obstante, casi a un año del pugilato, no se dieron los famosos exámenes de competencia, no se resolvió la disparidad entre los docentes titulares y extraordinarios y tampoco se han forjado en la universidad indicios que indiquen que caminamos hacia mejoras académicas. Al contrario, moros y cristianos, como todas las santas veces, se enfocan en las perennes pulsetas proselitistas, es decir, el tamaño escándalo había estado relacionado con las elecciones rectorales que, una vez más, hacen oscilar a la universidad de las ruidosas amplificaciones, farras y chucherías del proselitismo más barato y acrítico, a las zonas de guerra que conllevan las disputas politiqueras.
El resultado final es que, por lo menos en una de las facultades más grandes de la UMSS (Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas), no hemos empezado clases ¡y estamos cerca de la mitad de la gestión!
En ese sentido, no queda más que repetir los cuestionamientos y reclamos que hice hace meses y que voy rumiando desde que era estudiante. En primer término, reitero mi impotencia al ser docente de base en eterna espera por procesos institucionales, legítimos, transparentes, equitativos, en los que verdaderamente cuente la capacidad y los méritos, para solventar la carrera docente. Francamente, hartan los juegos de poder, el nepotismo, el clientelismo, la corrupción que continúa infestando a la UMSS. Saturan los equipos de sonido que retuercen el tímpano cada semana, el hecho de que las clases compitan con las campañas y jaranas monumentales, partidos de fútbol, ferias, la entrada universitaria, con los bailarines que ensayan por las noches en la plaza Sucre. Cansa el sólo pensar en las precarias condiciones de aulas y bibliotecas, que deficientemente se dispone de los recursos de estudio acordes con este siglo y que hasta para conseguir un proyector, haya que recaudar “vaquita”. Agota el admitir la escasez de espacios y recursos que incentiven la lectura, la investigación y la producción académica en favor de estudiantes y catedráticos.
Entonces, ¿qué ha cambiado en la UMSS? ¿Los nuevos conflictos significarán transformaciones reales? ¿Amerita transcurrir otro medio año sin clases? Y, sin poder evitar enlazar este tema con un asunto luctuoso que se refiere al arboricidio generalizado que se practica en Cochabamba, me pregunto, ¿acaso valió de algo esa palmera que unos estudiantes quemaron el año pasado, so pretexto de sus importantes reivindicaciones?
La autora es socióloga.
Columnas de ROCÍO ESTREMADOIRO RIOJA

















