El himno al mar se canta en chino
Hace un año atrás desde esta columna había advertido que el Gobierno boliviano se estaba empeñando para concretar un financiamiento chino para la construcción del puerto de Ilo y una línea férrea, como es de suponer con sobreprecio y actos corruptos de por medio; además dije que Perú saldría beneficiado, sin invertir un centavo, y tendría en casa un puerto grande y moderno. Si bien el primer tramo sirve para integrar la costa peruana con el altiplano boliviano; el proyecto de corredor ferroviario tiene un objetivo mayor que es integrar el puerto brasileño de Santos, en la costa atlántica de Sudamérica, con el puerto de Ilo, en la costa del océano Pacífico.
Lo que ocurrió fue que en Pekín y en el mes de mayo de 2017, el Gobierno chino invitó a muchos países, entre ellos Bolivia y Perú, para que conozcan su proyecto de la Ruta Marítima de la Seda, un plan maquiavélico muy bien ideado para extender sus inversiones en infraestructuras portuarias y viales por todo el globo; y así neutralizar a su principal competidor, la India; además aprovechando el retiro de Estados Unidos de los negocios hegemónicos mundiales, ya que el presidente Donald Trump ha decidido dedicar más tiempo y dinero para su plan “America First”. Allí también estuvo la presidenta Bachelet, quien dijo que Chile está listo para convertirse en un país puente entre Asia y América Latina, aceptando el desafío que habían propuesto los chinos. Políticamente este anuncio incomodó a los peruanos y bolivianos.
Como todo este escenario no responde a una mera coincidencia, este viernes pasado y en Lima se materializó el compromiso del Gobierno peruano de contribuir al impulso del comercio boliviano a través del puerto de Ilo, en el encuentro de los presidentes de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, y de Bolivia, Evo Morales. La declaración conjunta refleja que Perú “mantiene su más amplio espíritu de solidaridad y comprensión en relación a la situación de mediterraneidad que afecta a Bolivia”. Volviendo al principio, entonces ¿quién financiará el puerto de Ilo y la línea férrea? Obviamente, China, por mucho que sus jerarcas aseguren que este país asiático no tiene la intención de controlar o amenazar a ninguna nación. Lo cierto es que existen dudas, y no son pocos los analistas que están sospechando que Pekín ha descubierto su verdadero interés de ganar donde sea y como sea, usando maniobras para atraer a las naciones menos poderosas a su órbita económica y aumentar su poder geopolítico.
Si bien es cierto que China es actualmente el mayor socio comercial de Brasil, Chile y Perú, que le proveen principalmente bienes primarios y recursos naturales, como cobre, hierro, petróleo y soja; no es menos cierto que China no tiene escrúpulos para emprender proyectos y cargar deudas insostenibles para los países que se entregan a sus designios. Bolivia no es la excepción, ya que existen demasiadas pruebas para afirmar que la presencia de los chinos en nuestro país ha provocado serios daños en el medio ambiente, violaciones a la legislación y la soberanía nacional, entre otras arbitrariedades flagrantes. China ya está dirigiendo el neocolonialismo y apoyando regímenes autoritarios bajo el control económico de Pekín, como es el boliviano, que por otro lado está bajo el control político de La Habana y Caracas. ¿Dónde nos han metido los gobernantes azules? Irónicamente diría que cualquier día terminaremos hablando chino con acento caribeño, sólo para olvidar al colonialismo gringo.
El autor es abogado
Columnas de MARCELO GONZALES YAKSIC






















