Contra viento y marea
Mañana celebramos el 193 aniversario de la creación de nuestro país, luego de un largo y cruento proceso de guerras civiles que comenzaron en Sucre en 1809 y culminaron en esa misma ciudad en 1825, cuando el 6 de agosto, en una asamblea de representantes elegidos mediante voto, se firmó el acta de independencia de España y se ratificó la decisión de fundar una nación soberana, Bolivia.
No ha debido ser fácil llegar a ese momento. Lo que ahora es Bolivia, la Audiencia de Charcas, dependió a lo largo de la colonia de los virreinatos de Lima y Buenos Aires, ya transformadas, en 1825, en capitales de dos repúblicas: Perú y Argentina que, sin duda, pretendían mantener dominio sobre estas tierras altas donde, además, estaba presente el ejército de las que ya eran también dos naciones independientes: Colombia y Venezuela. Para hacer más compleja la situación, el Libertador, que comandaba el ejército colombo-venezolano, se oponía a que la Audiencia se convirtiera en país independiente y pretendía hacerla parte de Perú.
Además, el nuevo país tenía un coloso como vecino: Brasil, a cuyos estadistas preocupaba, por razones geopolíticas, que la vieja Audiencia fuera parte de Perú o de Argentina, por lo que probablemente veían con buenos ojos su total independencia.
De ahí que crear Bolivia fue una ardua tarea de personalidades fuertes que tuvieron la capacidad de generar y consolidar la idea de fundar un nuevo país, en medio de circunstancias cambiantes a las cuales, si seguimos la historiografía oficial, se fueron acomodando, de manera que cuando tenían que ser realistas lo eran, como que se convertían rápidamente en independentistas cuando así lo exigía la coyuntura. Adicionalmente, tuvieron que lidiar, en tiempos de dura represión, con comandantes militares también, salvo excepciones, cambiantes y, por último, dar el nombre del Libertador a la nueva nación para vencer su resistencia.
Pero, lo hicieron, y crearon un país complejo y al costo de que, por un lado, sus autores son vistos también en la historiografía oficial en forma peyorativa y se reconoce como héroes a quienes se fueron acomodando a los resultados que conseguían aquellos. Por el otro lado, a la incapacidad de hacer parte de éste, que no sólo es incluir, a sus habitantes originarios y, más bien, excluirlos con violencia de la construcción estatal.
Así, a 193 años de la creación de nuestro país, y ya largamente consolidado como tal por la perseverancia de sus gentes, continuamos en la tarea de crear un espacio de pacífica, equitativa y fructífera convivencia, debiendo enfrentar un desesperante círculo vicioso de avances y retrocesos, y un obsesivo afán fundacional de muchos de sus mandatarios, probablemente debido a que somos resultado, a diferencia de otras naciones, más de la voluntad de sus creadores que de condiciones geográficas y culturales.
Saltando en el tiempo, los actos oficiales de este 6 de agosto se realizarán en Potosí, donde quienes están en el gobierno tratarán de convencer a la ciudadanía de que su gestión es tan buena que debe prolongarse sine die para lo cual una cuarta candidatura del Primer Mandatario es vital, más allá de los formalidades constitucionales, y desde el llano se insistirá en que si de veras se quiere honrar a la Patria deben acatarse a rajatabla la Constitución Política del Estado que prohíbe una nueva postulación del Primer Mandatario y el referendo constitucional de febrero de 2016, que ratifica esta prohibición que el oficialismo pretende ignorar.
Y, a diferencia de lo que sucedió en los últimos 165 años, desde el 7 de agosto el mandatario gobernará desde el rascacielos que ha mandado a construir detrás de la vieja casona quemada, inaugurando, además, una nueva estética del goce del poder que probablemente primará hasta que, en 77 semanas, ambas construcciones reciban a sus nuevos inquilinos.
El autor fue director de Los Tiempos
Columnas de JUAN CRISTÓBAL SORUCO QUIROGA



















