Chau pescaditos
Si hace seis años, en 2016, se retiraron 11 toneladas de peces “platincho” de la laguna Alalay de Cochabamba, ésta será una ínfima cantidad comparada con las toneladas de peces que se “retirarán” del río Pilcomayo. Pero vamos por partes como dijo el amigo Jack (El Destripador).
Parte 1: El último monitoreo de septiembre de 2020 advirtió una declinación de la población de los platinchos en esa laguna, debido a la gran cantidad de tóxicos vertidos que provocó la mortandad de los peces, especialmente del “platincho”. Si aún no capta a cuál pececito me refiero, se trata de uno plateado, de 10 cm, servido como el popular plato de “pescadito frito”.
En 2023 posiblemente los comensales ya no disfrutarán de este pescadito (dato nerd del momento: se llama Oligosarcus Schindleri). Y lo echarán de menos, porque apenas sobrevive en la laguna Alalay. Posiblemente uno de los amigos del buen comer será el responsable de la desaparición de la faz de la Tierra del platincho, por haber devorado al último de la especie, ya que nada se hizo por repoblar a la laguna y mucho menos por limpiarla de los tóxicos que cada día la contaminan. ¡Chau pescadito!
Parte 2: En 2024, a pesar de la mentira gubernamental, el río Pilcomayo será declarado zona de desastre, sino es antes, sin peces y sin vida en sus riberas.
Recapitulando. A fines de este mes, uno de sus afluentes sufrió una contaminación provocada por el colapso de un dique de colas con una caída de 13 toneladas de hierro, plomo, cadmio, plata y zinc. Se retiraron alrededor de tres toneladas y quedan por retirar diez de sedimentos
El viceministro de Medio Ambiente, Biodiversidad, Cambios Climáticos, Gestión y Desarrollo Forestal, Magin Herrera, dijo que la contaminación es “nula porque en la comunidad afectada, Agua Dulce de Potosí, no existe vida acuática”. Algo dudoso porque si bien no hay peces a la vista, existe una inmensa fauna de bacterias, algas y seres microscópicos que vivían en ese río secundario y ahora han muerto.
Además, ese afluente se mueve. Avanza y arrastra llevando consigo los minerales que llegarán al río Tarapaya en Salta, Argentina, donde saltó la alarma y, según informó el gobierno de esa provincia argentina, se pidió a los habitantes no bañarse en el río, no tomar agua y no pescar. Al mismo tiempo en el periódico El Tribuno salió la noticia de que el agua de esa zona requiere tratamiento físico-químico y desinfección bacteriológica. El Tarapaya es, asimismo, un afluente del gran río Pilcomayo, siguiente víctima del colapso minero.
¿Y la minera que provocó el daño? Bien gracias. Al igual que la mayoría, opera sin cumplir con las normas ambientales y sin licencia alguna.
Los seres humanos podrán potabilizar esa agua. Los peces no. ¡Chau pescaditos!
Parte 3: El resultado final es una tragedia ecológica causada por la ambición minera y la desidia de las incompetentes autoridades, quienes gustosamente emiten informes facilones, y al mejor estilo de Poncio Pilatos se lavan las manos, miran a otra dirección y apuntan a culpables que jamás serán castigados.
Columnas de MÓNICA BRIANÇON MESSINGER

















