Las lecciones del horror
“La primera patrulla rusa llegó a la vista del campamento alrededor del mediodía del 27 de enero de 1945. (...) Eran cuatro jóvenes soldados a caballo que avanzaban cautelosamente, con ametralladoras a los costados, por el camino que bordeaba el campamento. Cuando llegaron a la alambrada, se detuvieron a mirar, intercambiando algunas palabras breves y tímidas y lanzando miradas cargadas de extraña vergüenza a los cadáveres desordenados, a los barracones desorganizados y a nosotros, los pocos sobrevivientes”, cuenta en su libro La tregua, el escritor italiano Primo Levi, prisionero en el campo nazi de exterminio de Auschwitz-Birkenau, en Polonia.
“No saludaron, no nos sonreían; a su piedad parecía añadirse un confuso sentimiento de turbación que los oprimía, los enmudecía y encadenaba su mirada a ese espectáculo fúnebre”, añade Levi en el relato de su primer contacto con los soldados del Ejército Rojo que liberaron la mayor instalación para exterminar seres humanos, a escala industrial, de la que el mundo tiene memoria.
Eso ocurrió hace 80 años y el lunes último tuvo lugar la conmemoración de otro aniversario del fin de los horrores que se perpetraron en ese sitio donde, durante casi un lustro, fueron aniquilados más de un millón cien mil hombres, mujeres y niños, el 90 por ciento de ellos, judíos.
Curiosa coincidencia, el mismo día más de 300 mil palestinos iniciaban su retorno al norte de la franja de Gaza, de donde la guerra entre el Estado de Israel y Hamás los obligó a huir para volver después de casi 15 meses y encontrar las ruinas de lo que fueron sus viviendas.
En ese tiempo, se calcula que murieron entre 45 mil y 70 mil palestinos, muchos de ellos mujeres y ancianos, además de 14.500 niños. Hasta hace pocas semanas, la hambruna acechaba a los sobrevivientes y los heridos, aún ahora, sufrían por la carencia de recursos médicos para atenderlos pues los bombardeos israelíes no respetaron ni hospitales ni escuelas y el bloqueo impedía la llegada de ayuda humanitaria.
Son hechos, ciertamente distanciados por el tiempo y lejanos a nuestra geografía, que no pueden dejarnos indiferentes acerca de la amenaza, siempre presente, que representa la violencia, motivada por intereses ideológico, geopolíticos, económicos, étnicos o religiosos.
Recordar los horrores del nazismo, “no es sólo un acto de memoria, sino también un gesto de compromiso con la Humanidad frente a los peligros del extremismo que resurge en los días de hoy”, decía el lunes el presidente brasileño en un acto de homenaje a las víctimas del Holocausto.
Y la Unesco destaca “la importancia de comprender y afrontar los acontecimientos violentos del pasado para desarrollar las habilidades y los valores necesarios para prevenir nuevos crímenes atroces”.



















