100 años del Glorioso Lloyd Aéreo Boliviano
El 15 de septiembre de 1925 nació el Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) un orgullo para el país. La colonia alemana, como gesto de amistad hacia Bolivia, trajo el primer avión Junkers, y con esto empezó la historia de nuestra aviación. Ese primer vuelo hacia Santa Cruz fue apenas el inicio de una aventura que, con el paso de los años, conectaría a Bolivia con América y con Europa, llevando en su fuselaje no solo pasajeros y carga, sino también las esperanzas de un país que aprendió a mirar el cielo con ilusión.
Con el tiempo, el Lloyd llegó a operar una flota de casi una docena de aeronaves que volaban hacia Uruguay, Chile, Argentina, Norteamérica y Europa. Era la tercera aerolínea más antigua del mundo.
El LAB fue pionero en incorporar jets modernos: Boeing 727, 737 y 767, que lo colocaban a la altura de las aerolíneas más prestigiosas de la región. Durante casi cincuenta años de operaciones con turbinas, nunca registró un accidente fatal, un récord que habla del compromiso y la excelencia de sus pilotos, técnicos y tripulaciones.
Pero el Lloyd fue mucho más que aviones y rutas. Fue una escuela de vida. En sus aulas, hangares y cabinas se formaron generaciones de profesionales que luego llevaron el nombre de Bolivia a aerolíneas de renombre mundial como Copa Airlines, Emirates, compañías norteamericanas y, por supuesto, BOA. El orgullo de haber aprendido y trabajado en el LAB
Detrás de este legado estuvieron grandes ejecutivos y capitanes que marcaron época: Fernando Vargas, Limber Cabrera, Edgar Ríos (+), Pepe Negrete (+), Máximo Salazar (+), Hugo Vargas (+), Alfonso Canedo (+), César Andrade (+), el capitán Lobo, Calderón (+), entre muchos otros. Sus talleres de mantenimiento, considerados de los más modernos y completos de Sudamérica, fueron símbolo de eficiencia y profesionalismo, y aún hoy permanecen como testigos silenciosos de lo que fuimos capaces de construir.
El Lloyd protagonizó también páginas únicas en la historia mundial de la aviación. Fue, junto con Alitalia, una de las primeras aerolíneas en trasladar a un Papa: Juan Pablo II, quien viajó de Montevideo a La Paz en el Boeing 727-200 CP-1366, comandado por el capitán Germán Rosas y con la jefa de cabina Teresa Jiménez. En Chile, durante la inauguración del aeropuerto de Pudahuel, el CP-1276 del LAB participó en los actos oficiales, bajo el lema “empresas de prestigio operan en Chile”. En Argentina, los primeros Boeing 727 que tocaron pista en Ezeiza llevaban orgullosamente la bandera boliviana en su cola.
En momentos de crisis, el Lloyd también estuvo presente. Durante la Guerra del Chaco, sus aviones sirvieron al país con valentía, demostrando que la aviación no solo era modernidad, sino también compromiso con la patria. Fue, además, la única aerolínea en el mundo que obtuvo derechos de 5ª y 6ª libertad para volar a Cuba, abriendo rutas que marcaron un hito para Bolivia y que incluso dieron paso a nuevas empresas nacionales.
El cierre del Lloyd Aéreo Boliviano, producto de decisiones políticas más que técnicas, fue un golpe al corazón de la nación. Sin embargo, su memoria no se apagó. Cada ex trabajador, cada pasajero que alguna vez subió a uno de sus aviones, cada ciudadano que veía sus Boeing despegar con la tricolor flameando, guarda un recuerdo imborrable. El LAB no fue solo una empresa: fue un símbolo nacional, un motivo de orgullo, una muestra de que los bolivianos podíamos estar a la altura de los cielos más exigentes.
Hoy, al cumplirse 100 años de su fundación, el Lloyd Aéreo Boliviano sigue volando, no ya en los cielos físicos, sino en la memoria y el corazón de todos los bolivianos. Quizás algún día lo volvamos a ver renacer, pero mientras tanto, cada aniversario es un recordatorio de lo que fuimos capaces de lograr cuando un país soñaba en grande. Porque el Lloyd no fue solo un avión… fue y será siempre el sueño de Bolivia en las alturas
Columnas de Constantino Klaric

















