Cómo la economía digital ha redefinido el mapa creativo
Hace tan sólo algo más de una década, si un escritor, músico o cineasta no triunfaba en Nueva York o Madrid, las probabilidades de que llegara a Quito, Panamá o más allá del boulevard Peripherique de París eran nulas. Hoy, gracias a las posibilidades digitales, nuestros hábitos de consumo, de intercambio y de respuesta a la oferta cultural han cambiado radicalmente, ampliando las posibilidades de un pastel que parecía tener límites.
Se han reducido las barreras de entrada, los intermediarios ya no son los dueños absolutos de la fiesta creativa y uno mismo puede ser su propio productor. Ello ha permitido algunos movimientos en los patrones de crecimiento y expansión del sector de las industrias creativas cuyas actividades, de manera encadenada, permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios culturales, con un valor determinado más por su contenido de propiedad intelectual que por su valor de uso.
Este año precisamente Unesco, en colaboración con su Instituto de Estadísticas, presentó el informe The Globalisation of Cultural Trade: A Shift in Consumption, en el que se ponían en evidencia, de forma empírica, algunas tendencias. La más llamativa fue que el comercio mundial de bienes culturales se duplicó en la última década.
El crecimiento no ha sido igual en todo el planeta. Las regiones que presentan una tendencia creciente mayor han sido sobre todo Asia oriental, América Latina y África subsahariana.
Así, el reto en nuestra región sigue siendo la influencia que tiene en el resto del mundo. Aun cuando en el comercio mundial América Latina representa un 6 por ciento, la contribución de nuestro continente en el comercio de bienes y servicios culturales es más reducida todavía, puesto que tan solo aportamos el 1,2 por ciento de los intercambios comerciales. La cifra puede ser interpretada baja dada la gran reputación y exposición de la cultura latinoamericana, en parte porque el talento se filtra, contabilizando sus ganancias entre Hollywood y el Silicon Valley.
Por el contrario, el sudeste asiático tiene una cuota de mercado de más del 45 por ciento del comercio mundial de bienes y servicios culturales en 2015, seguramente como consecuencia de los grandes mercados orientales, pero también de una decidida apuesta por la investigación y desarrollo, en áreas como tecnología, software y el diseño en general. El ejemplo perfecto es Corea del Sur y sus agresivas políticas de atracción de talento creativo.
En Bolivia, las exportaciones de bienes culturales prácticamente se han duplicado en una década, pasando de 65 millones de dólares en 2004, a la nada despreciable cifra de 125 millones en 2013.
Otro punto relevante es el de detectar y apuntar a aquellos sectores de la industria cultural y creativa en crecimiento, sobre todo para entender las tendencias y dinámicas del mercado.
Las industrias que globalmente han ganado terreno han sido aquellas relacionadas con el diseño de joyas (+271%), estatuas y esculturas (+180%), pinturas (+80%) y artesanías (+57%). Han crecido también a niveles importantes las exportaciones mundiales de videojuegos (+140%), software y otras aplicaciones funcionales. Si bien otros productos culturales como los bienes cinematográficos, las exportaciones de periódicos y revistas y los bienes musicales han decrecido considerablemente, ello no significa que su consumo haya decaído. Al contrario, se lee más que antes, los músicos tienen más alcance y se ve más cine que nunca. Lo que ha cambiado es la forma y los soportes, pues se ha llegado a una preminencia de la experiencia por encima del objeto.
A nadie le sorprende que los Rolling Stones hayan dado una gira por una decena ciudades de América Latina este año, o que para asistir a festivales de fama planetaria como Burning Man, Lolapalooza, Tomorrowland o Sonar no sea necesario salir de tierras latinoamericanas. De hecho a veces ni siquiera hay que salir de la sala de casa, gracias a plataformas como Netflix, o en el caso latinoamericano, Retina Latina, proyecto de integración comercial cinematográfico de Colombia, Bolivia, México, Uruguay Ecuador y Perú financiado por el BID desde el año pasado.
Los países ya han detectado esta veta, que parafraseando a Patiño, pudiera ser la nueva Salvadora.
El autor es gestor cultural.
@fadriquei
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