El Facebook usado para la extorsión
De acuerdo a un estudio de Panda Security, los ciberdelincuentes que operan en Internet lo hacen como un verdadero crimen organizado, tanto desde la óptica de visión estratégica, como desde la operativa, logística y despliegue de sus operaciones. No sólo pueden parecer verdaderas compañías, sino que son organizaciones multinacionales que operan a lo largo y ancho del planeta. Según Juan Carlos Vásquez, experto en seguridad de McAfee, desde el año 2013 que el cibercrimen y ciberespionaje son a nivel mundial, “un negocio completamente rentable”, que ya mueve más dinero que “la piratería y el narcotráfico” (!).
Dentro de ese intricado mundo delincuencial, el fenómeno de los perfiles falsos en Facebook ha ido creciendo con el paso del tiempo, siendo utilizados para una importante variedad de finalidades. Entre ellas, como una herramienta de uso cotidiano para llevar a cabo un importante abanico de delitos tales como injurias, extorsiones, amenazas, estafas y en los peores casos, corrupción de menores y grooming, amparados por el anonimato que brinda Internet y la falta de entidades que trasciendan las fronteras de los países en la investigación de delitos, con la misma rapidez que lo hace el cibercrimen.
De todo ese abanico de delitos, la extorsión está pegando más fuerte en nuestro medio. El procedimiento casi siempre es el mismo: se recibe una solicitud de amistad de una persona con un perfil interesante, siempre de bellas mujeres. La supuesta chica es ya sea de París, de Costa de Marfil u otro lugar remoto. Se establece una conversación que pronto transita a lo íntimo, y acaba en sexting (intercambio de mensajes e imágenes sexualmente explícitas). Consiguen grabar las partes íntimas del futuro extorsionado en video, y es cuando lo peor empieza. Inmediatamente le indican a la víctima que tiene que pagar un monto (entre mil a cinco mil dólares), para que el video no sea difundido en el entorno de sus contactos de Facebook, dando un plazo límite de entre 24 y 72 horas.
En estos tiempos que nos ha tocado vivir, las autoridades y la Policía poco pueden hacer. Aun rastreando el origen de los ciberdelincuentes, si están en otro país no se soluciona nada: si el derecho siempre va un paso por detrás, en este caso va cien pasos por detrás. Es recomendable hacer la denuncia, aunque el daño ya está hecho. Una vez que empiezan a publicar el video, no queda más que hacer un mea culpa, cerrar (por lo menos temporalmente) la cuenta de la red social y apoyarse en nuestras amistades para que denuncien ante Facebook tanto el video como la cuenta o las cuentas desde la cual lo publiquen cada vez que reaparezca, hasta que eventualmente el asedio cese. Es importante no pagar la extorsión, porque de otro modo el incentivo para los ciberdelincuentes seguirá ahí una y otra vez.
Ante estos casos, para empezar lo mejor es no caer. Nadie le mostraría en la calle sus partes a una persona desconocida, entonces, vuelvo a preguntarle: ¿por qué caer en la trampa de hacerlo por Internet? Ante la llegada de una solicitud de amistad, si el perfil cuenta con pocos contactos de Facebook, pocas fotografías, ha sido creado recientemente y es de un país remoto, mejor ni aceptar la solicitud. Al aceptar, no sólo nos exponemos a nosotros mismos, sino también a todo nuestro entorno social, ya que las personas son más propensas a aceptar solicitudes de desconocidos al tener amigos en común. Para prevenir el vernos expuestos a esta amenaza, nunca estuvo tan vigente aquel consejo de la abuela: “no hables en la calle con desconocidos” (en este caso, en Internet).
El autor es ingeniero perito en informática forense.
Columnas de DIEGO ALFONSO ROJAS CASTRO




















