De brujos y brujerías
Nada tengo contra quienes acuden a las artes del espiritismo para desarrollar ciertas virtudes o para incluso, ganarse la vida ante quienes asignan credibilidad a actuaciones que son exteriorizadas de determinada manera. Dan la sensación de haber encontrado el camino adecuado. Habrá por tanto que respetar hábitos y creencias como señal de tolerancia y diferenciarlas de tradiciones culturales que responden a otra lógica y a otra manera de entender la vida.
Yo no sé si existe la brujería blanca o la negra o si realmente pinchando un alfiler en un muñeco puede uno sentir dolores abdominales o puede lograr que determinada persona acceda a los placeres carnales y sea correspondida por el amor platónico.
Como ese no es el caso, lo que sí sé es que el manejo de una Entidad Financiera requiere mucha profesionalidad y seriedad, lo que obviamente dista de comulgar con cualquier tipo de práctica que no esté ajustada a procedimiento.
Hago un paréntesis: cuando Cusi justificaba sus fallos en el TCP leyendo hoja de coca, cometía un acto de barbarie jurídica y no porque leerla sea malo, sino porque hay actividades (ser el controlador de la constitucionalidad, una de ellas) que imponen un mínimo de conocimiento y cordura. La coca podrá servir para un cúmulo de actividades, pero para dictar sentencia, definitivamente no.
Así debe mirarse lo acontecido en el Banco Unión. Que alguien se atreva a considerar que un astrólogo pudo haber practicado magia negra para que personal de la entidad bancaria no se diera cuenta del desfalco que alcanzó a 37,6 millones de bolivianos, es ciertamente una grosería y mofa. Hubo hurto porque hubo quien tomó la decisión de delinquir. Y aquí deseo detenerme en los controles de un banco.
Se está haciendo escarnio de este tema por razones políticas, y eso no está bien. Lo cierto es que un hecho de esta naturaleza con más o menos dinero, puede suceder en Bolivia o en cualquier parte del mundo. Es una contingencia que se la minimiza desde el lado del banco, con mayores controles de gestión o con instrumentos como las pólizas de seguro de fidelidad por ejemplo y, desde la parte estatal, con el encaje, con la tipificación penal del hecho y con un fiscalizador altamente tecnificado.
Ladrones probablemente siempre haya y, con o sin brujería, el desafío será combatirlos cuidando el dinero ajeno. Termino aquí: los bancos son los más interesados en contar con niveles de fiscalización y control.
En Bolivia, la banca es muy seria y está profesionalizada. No dudo que el Banco Unión haya estado en esa dinámica. De ahí que lo ocurrido debe servir para reforzar las medidas vigentes, porque ya me imagino lo que el Gobierno hubiera hecho si el desfalco se producía en un “banco no estatal”. Este caso por tanto, merece prudencia por la naturaleza del ahorro público, humildad porque cabe el reconocimiento de yerros y serenidad para afrontar el desafío de luchar contra brujos jugando a Jesse James.
El autor es abogado
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