Los engaños del Gobierno
Aquel año, cuando el precio internacional del trigo alcanzó niveles excepcionalmente altos, una de las “soluciones” fue bastante creativa: autorizar que el peso de cada pan fuera ligeramente menor. La gente pagaría el mismo monto por menos pan.
Uno pensaría que semejante argucia sería denunciada por cualquier persona con conocimientos básicos de aritmética... pero no, el truco funcionó. La realidad concreta y objetiva era que el pan había subido de precio. No obstante, nadie protestó porque cada unidad de pan seguía valiendo lo mismo.
El Gobierno dice hoy que no hay ningún problema con el dólar y que el tipo de cambio oficial no varió, pero los dólares “baratos” del Gobierno son extremadamente escasos (¿accesibles sólo para amigos del régimen?). Lo cierto es que el tipo de cambio de verdad es mucho mayor en el mundo real que en el país mágico del Gobierno, pero aun así tenemos gente muy orgullosa porque nuestra moneda “es fuerte” y no se deprecia desde hace una década.
En otro ámbito, el de la energía, sabemos bien que la subvención a los combustibles es insostenible. Tendríamos que pensar en cómo eliminarla sin causar una catástrofe, pero sucede lo previsible: el Gobierno opta, cada vez más, por la lógica del racionamiento. En un futuro no muy lejano, conseguir suficiente gasolina, diésel o gas será bastante problemático (¿excepto para los amigos del régimen?). Lo malo es que muchos estarán contentos porque el precio no habrá variado, en el papel al menos.
Me interesa comprender por qué la gente de nuestro país sigue cayendo en estos engaños, una y otra vez. ¿Será que los bolivianos viven en un mundo de fantasía, donde las palabras son tan reales como los objetos?
En lo personal, me preocupa que pronto estaremos en la peor tiranía... y la mayoría no lo notará para nada. Se contentarán con el ritual de elecciones con resultados previsibles cada cinco años.
Columnas de ERNESTO BASCOPÉ






















