La odisea de “Wistu Vida”: más de 100 días sola, sobre dos ruedas, de Bolivia a México
Una motocicleta de 200 cc, un presupuesto ajustado, una mochila amarrada con ligas y un sueño inquebrantable, con esa simple, pero poderosa fórmula, Jessica Hoyos, conocida en redes como “Wistu Vida”, emprendió una travesía sola, sobre dos ruedas, uniendo La Paz con México, bajo la convicción de que el momento de vivir es ahora.
EL ORIGEN: UN MES PARA APRENDER
La idea no nació sobre una moto, sino con una mochila al hombro, recuerda en una entrevista exclusiva con la Revista OH!. En 2020, tras levantarse las restricciones de la pandemia, Jessica realizó un primer viaje en solitario “a dedo” por Perú y Ecuador. Esa experiencia sembró en ella una inquietud persistente: “Siempre me quedé con la sensación de ‘quiero hacer una travesía, quiero seguir avanzando, quiero estar un tiempo largo en la ruta’”, confiesa. El plan original era recorrer el continente en bicicleta, pero un amigo la convenció de que la moto era más rápida y divertida. El único problema era que no sabía conducir, pero esto no la detuvo.
Compró una moto de 1,500 dólares y se dio un mes para dominarla y entender la mecánica para poder “autorrescatarse” en cualquier eventualidad. Su campo de entrenamiento —recuerda— fue el caótico tráfico de El Alto, en La Paz.
“Mi mejor escuela fue El Alto. Yo dije: ‘Si manejo en El Alto, puedo manejar en cualquier lugar del mundo’. Y fue verdad”, asegura entre risas. Con la licencia de conducir en mano y la bendición de un amigo que certificó sus habilidades, partió por Desaguadero rumbo a lo desconocido.
LA PRUEBA: 20 DÍAS EN ALTAMAR
A lo largo de más de 100 días de viaje, Jessica enfrentó el frío de las montañas, el calor de la costa, neblinas y baches. Además, tuvo un accidente en El Salvador que le dejó una herida en la rodilla, pero se curó y siguió adelante. Sin embargo, el obstáculo más grande no lo encontró en el asfalto, señala. Para cruzar el tapón del Darién, la selva, históricamente inhóspita y peligrosa, que separa Colombia y Panamá, se embarcó con un grupo de marineros que comerciaban con cocos.
“Estuve 20 días en alta mar. No sabía cuándo iba a llegar, no sabía si nos íbamos a hundir, no sabía si la moto se iba a arruinar por el salitre del mar”, relata. La incertidumbre se apoderó de ella, más aún cuando al final del viaje, la comida y el agua dulce escaseaban, y la tensión mental era extrema.
“Los últimos días estábamos comiendo plátano frito con bofe”, recuerda. Pero la bandera boliviana tenía que seguir avanzando y esa experiencia la forjó y le demostró que la lucha más dura es contra la propia mente. “Todo el tiempo es una lucha constante contra la mente porque te dice: ‘No podés, estás sola, esta parte es peligrosa. Hay que saber poner un límite mental para que uno vaya descubriendo el camino desde su próxima experiencia, poco a poco, sin dejarse dominar por los consejos de los demás, porque la realidad es muy diferente a la que nosotros nos imaginamos detrás del miedo'”, reflexiona.
LA FILOSOFÍA “WISTU VIDA”
El apodo de Jessica en redes, “Wistu Vida”, es una resignificación del término boliviano que, lejos de la connotación popular, para ella representa “una vida diferente, una vida que tiene muchas ganas de salirse de los patrones de todo lo establecido”.
Con un presupuesto inicial de 3,000 dólares para la ruta, que se agotó al llegar a México, demostró demostrado que las barreras son, en su mayoría, mentales.
“No tengo el presupuesto más alto, no tengo la moto más cara, no tengo el equipo de última tecnología. Estoy viajando con una mochila amarrada con ligas”, explica. Además, le dice a la gente “que se anime a concretar, porque muchas veces nos quedamos en ‘quisiera hacer esto’, pero nunca encontramos el momento adecuado, y el momento adecuado es ahorita porque tampoco tenemos mucho tiempo en la tierra. Salgan, se hace camino al andar”.
EL CAMINO QUE SIGUE
Aunque el sueño de muchos motoviajeros es unir Alaska con Ushuaia, en Argentina, Jessica tiene claro su propio norte. “Yo soñé con Bolivia-México. Y para mí, México era mi objetivo, era mi cumbre. Alaska es el sueño de muchas otras personas, pero ciertamente nunca ha sido el mío. Voy a ser fiel a mí misma”, afirmó.
Aunque su objetivo ya está cumplido, sus ruedas no se detienen y ya planea sus próximos recorridos, como dar la vuelta completa a Bolivia para mostrar su país, y después, un gran viaje por el Cono Sur de la región, recorriendo Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina. Mientras tanto, considera la posibilidad de llegar a Estados Unidos y enviar la moto en barco de regreso a casa.
Esta aventura la hace sin patrocinadores, con un préstamo de su madre y el inmenso apoyo de la comunidad motera de todo el continente, que le ha ofrecido desde tanques de gasolina hasta hospedajes gratuitos, además de brindarle su constante apoyo en sus redes sociales y en el canal de YouTube de Jessica, donde comparte toda su travesía.
“Es primera vez que vemos un viajero boliviano, ¡y una chica y solita!”, le decían en el camino, impactados. Con lágrimas en los ojos, Jessica cuenta lo que sintió al ver el buen concepto que se tiene de los bolivianos en el exterior: “retrabajadores” y “queridos”, dice.
Al final, su viaje no solo fue un recorrido geográfico, sino un poderoso mensaje de que para cumplir un sueño, a veces, solo hace falta tener el valor de arrancar y no parar. “Siento que con todas estas experiencias aprendí a controlar mis emociones y miedos, estar en calma, en paz, eso me enseñó la montaña (otra de sus pasiones)”, añade.






























