La política encriptada
En una entrevista el año 2013, el especialista inglés en historia cultural moderna Peter Burke afirmaba que ningún Gobierno puede operar sin secretos; de ahí que el doble lenguaje y las dos caras sean propias de toda política y que sólo tiene sentido real el gobernante cuando oculta sus verdaderas intenciones, cuando del espionaje a los enemigos depende la continuidad o la caída de los Gobiernos y, cuando los servicios secretos son necesarios para la sobrevivencia de la clase gobernante. A esta constante de la práctica política le denomino la encriptación de la política, que sólo supervive dando lugar a una guerra invisible y no declarada donde el atacante destruye clandestinamente y el atacado es incapaz de defenderse con eficacia.
Decodificar la política está en parte en el simbólico juego mediático y en parte en los cerrados intercambios de poder material de un subconjunto de minorías privilegiadas. La política se encripta porque las elites para prolongar su dominio requieren operar con códigos secretos, reclutar gente de confianza que funciona a modo de un club exclusivo que garantiza ejercicio de poder, ocupar cargos relevantes con la regla de la colusión de la autoridad estatal multinivel (Presidente, ministros, asambleístas, jueces, gobernadores, alcaldes, rectores, jerarquías en el alto mando militar y policial, dirigencias sindicales, etc.). Lo que conocemos como sistema de autoridad ha transformado a las oficinas públicas en zonas desde donde se hace política en y desde los cargos para generar ingresos ocultos y hacer carrera política; desde los cargos públicos se perfeccionan los mecanismos del cuoteo, del prebendalismo y el patronazgo políticos, en los Gobiernos la elite en el poder está coludida en sofisticadas redes criminales que entrelaza clientelas, parentelas, dirigencia social y el submundo empresarial. Uno de los síntomas de la enfermedad del estatismo y de la colonización de lo público es la cartelización de los partidos políticos y la apropiación privatizadora de los recursos públicos con el fin de financiar su supervivencia a largo plazo.
El excedente generoso que tienen a su favor los que han logrado capturar el poder para sí mismos es que pueden manipular la conciencia de los demás y llenar de trampas el camino de sus enemigos; así el gobernante de hoy es el más astuto de los holgazanes, en lugar de preocuparse por el destino común se apropian de la máquina de todos; esto con el fin de mantener intocables los privilegios coludidos de unos pocos que paradójicamente obtienen la obediencia de la masa.
Captar el fondo de la política encriptada es descifrar el funcionamiento de la mala política y la mentalidad criminal de las elites depredadoras que se alimenta de las prácticas secretas, de los acuerdos a escondidas, de la generación de ingresos ocultos, de las conspiraciones y de la destrucción clandestina; el lazo que les sostiene es la corrupción de camarillas, el personalismo posesivo, el clientelismo, el nepotismo y el amiguismo empresarial; que duda cabe, el cerebro de la política criptica es bastante eficaz, pues en su interior se organizan los misterios e intrigas, y se planifican todas las transgresiones posibles.
Las relaciones mutuas entre política encriptada y ciudadanía ignorante tienen exactamente ese carácter de vasallaje; de ahí que la clase política sea socialmente inaceptable. Una gráfica eficaz describiría la política secreta como un sistema de esclusas, de estaciones depuradoras, de alcantarillas y desagües; no tendría sentido encriptar la política sino sirviera para fortalecer las posiciones grupusculares y sino garantizara a las elites depredadoras impunidad en todo aquello que les plazca, la falsificación y el montaje son pues las “genialidades” de la receta críptica, un astuto subterfugio del gobernante explotador que enmascara los órganos de su poder ante sus súbditos con la retórica del bien común.
El autor es docente emérito en la UMSA.
Columnas de MARCO ANTONIO SAAVEDRA M.




















