Simpatía por el diablo
“Encantado de conocerle, espero que suponga mi nombre”, así comienza la canción de Mick Jagger (Sympathy for the Devil), tocada millones de veces; pero no en La Habana como sucedió el 25 de marzo de 2016 con más de 1.200.000 cubanos que la coreaban. 50 años de censura y “los Rolling Stones hicieron lo que el gobierno no puede”. Fidel Castro en su cama de enfermo la coreó o tuvo un ataque biliar. Se puede tener devoción subconsciente, denostar todo lo que llega del “imperio”, repudiarlo en público y adoptarlo casi con pasión y hacerlo medular.
Lo que hicieron los Rolling Stones que sea el clavel en la solapa del caso nacional. El presidente Morales asiduo de Twitter, sin jornada sin postear mensajes, ansioso esperando likes; no le da insomnio pensar que el entorno de la Web e Internet fueron desarrollados en el “imperio” norteamericano, con atisbo colonial. El diablo es simpático, derrotado en Facebook; perder sólo deforma el perfil. Mark Zuckerberg sostiene que lo importante no es la rapidez de Internet sino el acceso de todos a la red; Morales debería estar en contra, algo grogui, pone en el firmamento un satélite, manda ensamblar computadoras, pueden ser carcasa, pero le delatan. Descolonización y soberanía son el estribillo de una cacofonía. Su ministra conmemorando la nacionalización encomienda spots publicitarios, no se entona morenadas, ni tinkus; la fuerza que transforma Bolivia es el break dance y en rap. No es por falta de voluntad, los ejércitos se expulsan, pero el invasor es viral. Las tentaciones pululan y la fidelidad es excepcional, es fácil hacerse tentar “Por favor déjeme presentarme soy un hombre de riqueza y gusto, les robé a muchos hombres su alma y fe”. Tarareando otro verso “…merodeo cuando veo tiempos de cambio”.
Los mayores se anclan a sus ideas, pueden decir que detestan algo y eso ya sea un reflejo; por otra parte, los jóvenes bambolean entre la ingenuidad, la torpeza y la amabilidad. “Si me encuentra sea cortés y simpático, y tenga buen gusto”. Las empresas innovadoras bolivianas utilizan tecnologías foráneas de punta y las afila (diseña, automatiza, implementa, despliega, construye, acoge, desviraliza (debug)-actividades de un ingeniero de software) y sólo crean algún programa con modificaciones ligeras y aplicación específica. Los jóvenes se entusiasman, no importa el lugar de origen, o si les engatusan, si algo es novedoso es suyo. Los jóvenes simpatizan y con gusto, con dios y con el diablo. Los infantes bajo tutela les seguirán a ciegas, los adultos refunfuñan y se adscriben.
El presidente, hombre emblema, parece amar lo que dice que detesta. Lo importante es acuñar su efigie en los chocolates monedita de pascua, en las carreras 10K y por supuesto, en las olimpiadas de “soberanía tecnológica” estudiantiles. Los adolescentes pugnan en un aggiornamento, un catch up; otros ya lo hicieron, se ensaya a repetirlo, fabricarán juguetitos (robots, drones), recitarán conceptos de física y química, lidiarán con la endiablada matemática, declamarán la historia de Abya Yala. Los mayores aletearán como buitres, entonarán el himno levantando el puño izquierdo imitando a los “Panteras Negras”, el hermano presidente saludará a los inocentes golpeando el puño al estilo del Bronx y les colgará su imagen patinada.
“Lo que le inquieta es la naturaleza de mi juego”. Lucifer debe estar donde le place (como metáfora), se es infiel por naturaleza, se elige un dios, al que se dice que se adora, se denosta al diablo; pero para el presidente y sus acólitos eso sólo es en verso.
El autor es administrador de empresas
Columnas de GUSTAVO L. QUIROGA MERCADO

















