Traición
Desazón, angustia, rabia, impotencia, temor, indignación, frustración, desánimo y un sinnúmero de sensaciones han consumido a una parte de la población cochabambina desde inicios del mes de abril, gracias a las denuncias hechas contra el alcalde Leyes.
Me sumo a esos estados de ánimo, confusos, no porque apoye a uno u otro bando, sino porque al final de cuentas los grandes perdedores somos los ingenuos de siempre, que creyendo ejercer la ensimismada y ensoñada democracia caemos en la permanente trampa de ir a las urnas para votar por el cambio.
Y a cambio obtenemos lo mismo de siempre: un perpetuo atropello a las normas y leyes que un día, las autoridades electas juraron cumplir y hacerlas cumplir.
Como ovejas o vacas que hacen fila para dirigirse a su triste destino final, nos aprestamos a darle el voto de confianza a unos u otros, crédulos y confiados sin reparar que la corrupción y el ansia por el dinero ganarán siempre las contiendas electorales, tirando por tierra cualquier esperanza que tengamos por el tan ansiado cambio.
No importa si voté o no por el defenestrado alcalde Leyes. Tampoco importa si ganó con más del 50% de los votos. Habría que leer que quien ganó fue la ciudad de Cochabamba que ya no quería al anterior partido en función de gobierno municipal, que hizo caso omiso de citaciones y posibles juicios, salvándose gracias a chicanerías y trucos baratos para eludir a la justicia.
Pero Cochabamba realmente no ganó. Perdió porque quien asumió funciones, hace un par de años, hizo una torpe copia del juego del Mono Mayor y reprodujo las malas prácticas que provienen del Gobierno central, pensando que no le cobrarían el descaro de repetir lo que ellos hacen desde hace más de una década. Que no le cobrarían la osadía de ser de la oposición. Y lo peor de todo que nadie intentaría a revisar sus cuentas y contratos, cuando, más bien, estuvo bajo la lupa todo el tiempo.
Si es o no culpable, la justicia se encargará de demostrarlo. Pero no se puede creer en una justicia que actúa como veloz cobra en este caso y como artrítico caracol en los muchos casos de corrupción que atingen al poder central.
Por otro lado, el partido de la oposición ha quedado debilitado con este certero golpe. Las elecciones de 2019 han quedado allanadas para el partido gobernante, porque Leyes, que se perfilaba como candidato a vicepresidente ahora ya no podrá hacerlo.
De momento, queda defender lo poco que nos queda. Exigir que se respete lo dicho en las urnas el 21F, sino cualquier contienda electoral futura será una payasada que disfrazará a una dictadura.
La autora es Máster en comunicación social y periodista.
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