La primera crisis de Biden: los niños inmigrantes
Desde la siempre candente frontera entre EEUU y México corre la alerta sobre una gran ola migratoria, la más grande en 20 años. El cambio de gobierno estadounidense, la devastación que dejaron dos huracanes en 2020 y los efectos económicos de la pandemia se muestran como los factores que causan esta avalancha humana. Una avalancha que se ha convertido en la primera crisis que enfrenta el presidente Joe Biden. No sólo se trata del incremento de inmigrantes desesperados por cruzar la frontera, sino además la característica de un significativo grupo: miles de niños que viajan solos.
La crisis ya ha obligado a las principales autoridades de la primera potencia mundial a tomar la palabra y dar explicaciones. También ha impulsado a varios opositores a lanzar sus dardos contra la nueva administración e incluso a que surjan críticas de más de un legislador oficialista. “Puedo decir con bastante claridad: no vengan”, dijo Biden a los inmigrantes, en una entrevista de la cadena ABC transmitida el martes 16. El Presidente añadió: “Estamos en el proceso de instalarnos, no abandonen su pueblo, ciudad o comunidad”.
Al decir “instalarnos” daba a recordar los cambios que prometió para la política migratoria durante su campaña. Cambios que buscan una característica muy distinta a las duras medidas que aplicó el gobierno de su predecesor, Donald Trump. Sin embargo, precisamente aquellos anuncios parecen haber desatado la ola de viajeros, especialmente centroamericanos y mexicanos, que se observó en los recientes dos meses. Mientras tanto, el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, dijo en un comunicado ese mismo martes: “Estamos en camino de encontrarnos con más personas en la frontera suroeste que en los últimos 20 años”.
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565 niños por día
Las cifras son elocuentes y, salvo una medida tan sorprendente como efectiva, se proyectan a superar registros históricos. En febrero, fueron arrestadas unas 100.000 personas en la frontera sur, un aumento del 28 por ciento respecto a enero, según las autoridades. En ese grupo había nada menos que 9.457 niños y niñas no acompañados, factor que ha ido precipitando la crisis.
Unos 15.000 niños migrantes no acompañados fueron detenidos en la frontera en enero y febrero. En 2020, fueron 37.000 en todo el año, es decir, más del 40 por ciento de ese total ya se ha registrado en apenas dos meses de la actual gestión. En 2019, antes de que la pandemia de coronavirus frenara el movimiento migratorio, la cifra fue de 75.000. De sostenerse este ritmo, la marca 2019 será superada fácilmente.
El drama tiene su epicentro visual en un sitio a estas alturas colapsado: los centros de detención de niños. Hasta el domingo 14, el Servicio de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos alojaba allí a 4.200 niños, pese a que su capacidad prevista inicialmente era de 2.000. Se llegó a registrar una media de 565 niños al día. La mayoría, de entre siete y 13 años, pero cuentan casos de pequeñitos que apenas han aprendido a caminar. Los reportes señalan que semejante carga bajo la custodia de la Patrulla Fronteriza agota aceleradamente los recursos federales para administrar el espacio de refugio.
Frente al colapso, hace 10 días, Mayorkas ordenó a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias que ayudara a recibir, albergar y trasladar a los niños. Y en la entrevista, el Secretario de Seguridad Nacional dijo a la ABC que la administración de Biden está desarrollando la capacidad para abordar las necesidades de los niños que llegan solos a la frontera entre Estados Unidos y México.
“Lo que estamos haciendo es atender a los niños pequeños que llegan a la frontera para hacer solicitudes bajo las leyes humanitarias que nuestro país ha establecido hace años y años -dijo Mayorkas-. Y estamos construyendo la capacidad para atender las necesidades de esos niños cuando llegan, pero nosotros también estamos, y de manera crítica, enviando un mensaje importante de que ahora no es el momento de llegar a la frontera”.
La oposición republicana puso su ingrediente al escenario con especial énfasis. Algo que más de una voz relaciona con las críticas que el gobierno de Trump recibió por su política migratoria. A principios de esta semana, el líder de la minoría de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, de California, calificó el reciente surgimiento de los migrantes como una “crisis fronteriza de Biden”. “Esta crisis es creada por las políticas presidenciales de esta nueva administración. No hay otra forma de describirla sino como una crisis fronteriza de Biden”, dijo McCarthy durante un viaje a un centro de procesamiento de la Patrulla Fronteriza en El Paso, Texas, con otros 12 congresistas republicanos.
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Más críticas a Biden
Pero Biden también ya enfrenta presión dentro de su propio partido por su estrategia de inmigración. El presidente del Poder Judicial del Senado, Dick Durbin de Illinois, el segundo demócrata en importancia de la Cámara, declaró que no cree que haya suficiente apoyo en este Congreso para aprobar un proyecto de ley de inmigración en toda regla con un camino hacia la ciudadanía para los 11 millones de inmigrantes indocumentados, un pilar clave del plan de inmigración de Biden.
Los miembros demócratas de la Cámara que representan a la región fronteriza han criticado el enfoque de Biden sobre el tema. “No vamos a enjaular a los niños ni a dividir a las familias ni a arrancar a los niños de los brazos de las madres -declaró el representante demócrata de Texas Vicente González a la CNN, en alusión a los tiempos de Trump-. Pero necesitamos un proceso ordenado para los migrantes que califican para el asilo. Quizá pidan asilo en su país de origen o en un país vecino o tal vez se pueda construir un centro en el sur de México donde puedan ser procesados allí”.
El problema incluso impulsó en Washington la versión de que Biden o la vicepresidenta Kamala Harris viajarían rumbo a la frontera. Sin embargo, la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, descartó la versión, aunque se vio forzada a abordar el tema desde diversas aristas. “Yo diría que su enfoque está en desarrollar soluciones, empujar a su equipo, alentar a su equipo, a desarrollar soluciones que agilizarán el procesamiento en la frontera, que abrirán más instalaciones que garantizarán que los niños sean tratados con humanidad y también de forma segura -explicó Psaki-. (…) Y ese es su enfoque, y ahí es donde está poniendo sus esfuerzos en la inmigración”.
Los niños inmigrantes
El drama de los niños inmigrantes que ingresan solos a EEUU se ha ido intensificando en los últimos tres años. Responde a que los padres huyen de la pobreza o violencia de sus lugares de origen y dejan a sus hijos atrás con otros familiares. La mayoría de las veces uno de los padres está ya en Estados Unidos. Entonces, cuando han estabilizado su situación, mandan a los niños que se encuentran en sus países de origen para que se reúnan con ellos.
El paso de frontera se realiza a veces a través de los llamados “coyotes” y en otras oportunidades a través de algún familiar. Debido a las normativas su ingreso en solitario puede garantizar que el pequeño tenga un lugar en EEUU cuando cruce la frontera. Los niños ingresan bajo la figura de abandono de menor y, si pueden mostrar en la corte de familia que fue abandonado, califican para un programa que los pone en camino para la ciudadanía.
Funcionarios de la Agencia de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) consideran que hay una importante falta de información en los países de origen. Las familias -dicen en Unicef- no son conscientes de los peligros a los que se enfrentan los pequeños. “Será el niño identificado? ¿Será encontrado antes de que necesite hidratación? ¿Será abusado por posibles traficantes?”, se pregunta Verena Knaus, asesor de inmigración en Unicef-entrevistado por el canal France 24-. O preguntas tan fundamentales como si volveré a ver a mi hijo otra vez”.
Sin embargo, desde el otro lado, las respuestas también son angustiantes ante una encrucijada. La desesperación llega a tal grado que estos peligros pasan a segundo plano. Los padres quieren alejar a sus hijos de los peligros que se viven en sus países de origen, donde según las estadísticas, la violencia y delincuencia están aumentando a cifras récord a nivel mundial, sobre todo en países como Guatemala, El Salvador y Honduras.
“Un 61 por ciento de los niños que están siendo apresados vienen de comunidades indígenas en Guatemala -explica Knaus-. En otros casos, la decisión viene tomada por la falta de comida en un plato, por la pobreza. “Se estima que en este momento hay 3,5 por ciento de niños en Centroamérica que no tienen acceso a comida -añade-. Otro motivo por el que vemos a más niños solos es porque hay familias que piensan que no hay opciones para ellos de venir juntos. Los mandan solos por las políticas de inmigración que hay en EEUU, porque creen que es la única manera de salvar la vida de sus hijos”.


























