Nace una esperanza en la UMSS
Con el prestigio institucional en el subsuelo, son víctimas de este pernicioso proceso los más de 70.000 estudiantes, así como, los docentes de base, ordinarios y extraordinarios. Estos últimos, deben soportar, inclusive, lo que se arraigó en el imaginario popular: “Mediocres e incapaces, enemigos del examen”
Sumida en el peor descalabro académico e institucional que conoce su historia, la Universidad Mayor de San Simón se dispone a celebrar, en breve, elecciones donde se elegirá al nuevo Rector y Vicerrector, después de más de un año de interinatos, que determinaron la presencia, inclusive, de cuatro rectores interinos por sucesión. Cabe esperar, sin embargo, que estas elecciones, reprogramadas por tercera vez, para el 14 de octubre, no sufran más modificaciones. Sería ingenuo no considerar esa posibilidad, tomando en cuenta que las camarillas encaramadas en el poder, en función de sus cálculos políticos, decidan nuevamente diferirlas, esperando modificaciones en la correlación de fuerzas.
Estas camarillas, “grupos corporativos”, presentes en ambos estamentos, docente y estudiantil, usando a su gusto la autonomía universitaria, pretenden mantenerse en la estructura de poder con el único fin de continuar medrando bajo su sombra. Es voraz su apetito de reproducirse en el poder, dejando, como siempre, subordinada la cuestión académica y del conocimiento —la razón de ser de la universidad— a sus intereses y cálculos políticos.
Desprovistos de valores éticos y morales, anteponen siempre sus miserables intereses políticos a los nobles intereses de la academia. Son moneda corriente en estos grupos corporativos, las relaciones prebendales, clientelares y patrimoniales. Estas prácticas han degradado la institución a niveles nunca antes vistos. Es irónico, y muy triste, comprobar que hace rato en la UMSS no gobiernan los intereses académicos. La deriva de este accionar, al margen del descalabro, ha provocado enormes críticas desde la sociedad civil, además del propio Gobierno; dando lugar a serios cuestionamientos del sentido mismo de la autonomía universitaria que reside en el cogobierno y la paridad Docente-Estudiantil. Con el prestigio institucional en el subsuelo, son víctimas de este pernicioso proceso los más de 70.000 estudiantes, así como, los docentes de base, ordinarios y extraordinarios. Estos últimos, deben soportar, inclusive, lo que se arraigó en el imaginario popular: “Mediocres e incapaces, enemigos del examen”.
En este complejo y sombrío panorama, surge, sin embargo, una luz; una nueva esperanza. Un grupo de académicos, que adoptó el denominativo de “Independientes”, para diferenciarse de las camarillas, hartos de tanta “mierda” y politiquería, ha decido salir a la palestra y la lucha universitaria. Aunque parezca una utopía, propugnan modificar esa subordinación perversa de lo académico a los intereses políticos; adjudicando a la conciencia, la ética, la moral y el derecho, el mayor peso en su accionar. Está conformado por notables académicos e intelectuales de varias disciplinas. Aspiran, fundamentalmente, refundar y transformar nuestra casa Superior de Estudios, en base a una premisa: imponer el saber y el conocimiento sobre el poder. Es decir, una nueva relación entre saber y poder, considerando una resignificación del poder colegiado.
En ese esperanzador horizonte, proponen la elección de un Rector transitorio, cuya misión fundamental sería preparar y organizar el Congreso Institucional, con miras a refundar la Universidad. Este Congreso, previamente consensuado, con intensos procesos de debate, amplios y plurales; tiene que plasmarse en un momento constitutivo que dé lugar a una verdadera refundación de la Universidad. Con nuevas reglas en los procesos académicos, escalafón docente y permanencia estudiantil. Además, con una nueva visión filosófica, respecto de su relación con la sociedad y el Estado.
Ciertamente, el camino es demasiado difícil y complicado, si tomamos en cuenta el escenario profunda e intensamente prebendalizado. Sin exagerar, en todos los procesos eleccionarios de las distintas Unidades Académicas y Facultades, en grado superlativo, están presentes: el tráfico de notas, cenas, fiestas, “farrilladas”, amplificaciones, así como, la distribución de cargos, “regalitos” y canonjías de diversa índole. En su obsesivo afán de reproducirse en el poder, estas camarillas, prácticamente, han instituido estas prácticas.
Sin embargo, el desafío —quizá sueño— está ahí planteado, con la firme esperanza de que tanto docentes como estudiantes, cansados del descalabro y tanto desprestigio, en el ánimo de cambiar y refundar verdaderamente a San Simón, se sumen a esta loable propuesta.
El autor es profesor de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Simón.
Columnas de ROLANDO TELLERÍA A.





















