¿A dónde vas, Hollywood?
El mundo es una vitrina y Hollywood lo es más. En el aquí y el ahora, los ojos hacen zoom en el sueño americano mediático. La lógica se basa en construir para destruir. Sin duda es muy atractiva la fascinación por las aves Fénix del mundo del espectáculo que se levantan de la muerte para renacer de sus cenizas. También los hay que no, la lista de suicidas, esos que se mueren de verdad, se va acumulando. Y ahora hay otro listado donde están el productor de cine Harvey Weinstein, el actor Kevin Spacey, los fotógrafos Mario Testino y Bruce Weber, el director James Toback, el productor Brett Ratner y el comediante Bill Cosby, todos ellos inculpados por acoso sexual o violación.
Es importante recordar que mucho antes del escándalo, el documentalista canadiense Barry Avrich, en el año 2011, lanza el documental “Biografía no autorizada de Harvey Weinstein”. En él, diversos personajes del mundo del espectáculo lo definen como un “adorable dictador”, un sujeto entre intruso y soñador, una mezcla de talento y manipulación.
Hollywood mira a este productor con fascinación y rechazo. Constructor junto a su hermano de la exitosa compañía Miramax, se instaura como un amante confeso del sueño americano, convertido ahora tras las denuncias de casi 90 mujeres por abusos sexuales, en una pesadilla expuesta al mundo.
Las voces feministas salieron a luz rápidamente. lo novedoso es que también otras posiciones se visibilizaron, como la de un manifiesto firmado por la actriz Catherine Deneuve y una lista de mujeres intelectuales francesas que se oponen al movimiento “MeToo”. En el manifiesto se argumenta que la seducción insistente o torpe, como tocar una rodilla o querer robar un beso sin consentimiento, no se constituiría en un delito.
Hablando del terreno de la seducción, el escritor Georges Bataille instala a la mujer como un ser activo, como un agente con voluntad y voz propia, como sujeto que desea y que decide en equivalencia con el hombre, por tanto, tocar un cuerpo que no desea ese contacto es sin duda un acto violento.
Por otra parte, el manifiesto advierte que podríamos estar volviendo al “puritanismo” o una moral victoriana, hipótesis que no tiene asidero cuando lo que media en los casos es la vía no consensuada para la satisfacción sexual de una de las partes. Sin embargo, el elemento más rescatable del manifiesto radica en que ante una denuncia, el acusado debe ejercer su defensa y así evitar asumir su culpabilidad de antemano para evitar las cacerías de brujas o delaciones mediáticas.
Bajo lo ya mencionado, encuentro fundamental lo que el movimiento MeToo enfatiza: la victimización no es la vía en la que debe centrarse el análisis. El tema es entender que el mal es sistémico y anida en los cimientos del edificio.
En este punto es vital mencionar a Francisco Umbral, en su libro el "Tratado de Perversiones" analiza a los sujetos sociales cuando son convertidos en animales de lujo, ostentando una suntuosidad innecesaria y una impunidad peligrosa. En ese punto el otro se convierte en presa y ésta debe ser necesariamente exterminable. Así, la vida se resume en una constante degradación. El sistema apoya un sadismo colectivo y ese es el tema central. Por tanto, visibilizar el asunto no nos convierte en adherentes de un feminismo “exacerbado y agresivo” como plantea el manifiesto francés.
Precisamos develar nuestra biografía colectiva no autorizada, esa donde a muchas y a muchos nos ha tocado vivir las diversas variantes del acoso. En esa medida, Hollywood como el máximo representante mediático del sueño americano, debe dejar de nublarnos con sus fintas y oropeles, esos que elevan a los psicópatas al rango de héroes y entender que es la moraleja más visible que tenemos.
La autora es escritora y comunicadora social
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