Mentiras y delitos que dejarán huella
En noviembre de 2019, bolivianos malnacidos incendiaron viviendas privadas en La Paz y decenas de buses Pumakatari. Desde hace algunas semanas la prensa informa de al menos tres actos delictivos protagonizados por contrabandistas de autos que arremetieron con mucha violencia contra las fuerzas del orden.
Desde hace ya tiempo, pero con más fuerza estos últimos meses, productores bolivianos han expresado su preocupación por la difícil situación en la que se hallan debido al ingreso al país de variada mercadería de contrabando.
En las últimas horas se ha conocido que sinvergüenzas de la peor calaña ingresaron a varias propiedades privadas a lotear lo que no les pertenece destruyendo a su paso plantaciones y derribando árboles centenarios, en definitiva, haciendo lo que les viene en gana con lo que no es de ellos. ¿Y saben? el INRA no se pronuncia ni responde el teléfono.
El cherry lo pone un aparato estatal montado para escribir una historia fantástica sobre un supuesto golpe de Estado que "aseguraría la transición" (en palabras de Evo Morales). Sí, la presidenta Áñez junto a unos seis millones de bolivianos habrían gestado un golpe de Estado para facilitar y asegurar que hoy Arce sea presidente constitucional. ¡Fabuloso, genial!
La delincuencia en Bolivia alcanza a escribanos arrojados al corto abismo de la mentira y el engaño, en un esforzado pero ridículo intento por demostrar que lo que ocurrió en verdad no ocurrió, y que lo se dijo en realidad no se dijo.
El escenario actual que acabo de relatar y que está documentado en la "prensa de derecha" y en la conciencia de los conscientes, no hace otra cosa que socavar la autoestima de los bolivianos, dañar la honorabilidad de los correctos y los justos, embarrar cualquier intento por vivir bien, y provocar una inseguridad física, moral y jurídica arrebatadora de cualquier paz.
Lo que está ocurriendo en Bolivia no es fortuito, no es pasajero, no es moquito de pavo. Lo que está pasando está calando profundo en la vida de esta y las próximas generaciones; huellas que serán difíciles de borrar.
La autora es comunicadora social
Columnas de MÓNICA OLMOS



















