Campos, cámaras, helicópteros…
Cuando se va y se viaja por el campo en Bolivia, se comprende mejor la gran adherencia por Evo y el MAS. Entenderla es muy importante si se quiere desarticularla, dados los resultados de orden dictatorial en que, a la postre, va desembocando el poder obtenido de semejantes alianzas.
Lo que hizo Evo simplemente nadie lo había hecho antes y llenó los corazones, se celebró con tutumazos. De pronto aparecía todo un Presidente, El Presidente en persona, uno “como nosotros”, se decían, y se presentaba junto con algún regalazo, un coliseo enorme, un mercado enorme, una cancha de fútbol… no importa mucho qué, ni que a la postre resultara totalmente inservible o estropeara los paisajes. Primero estaba el hecho…. A este o aquel rincón, teóricamente olvidados desde siempre (pero no así por la Participación Popular) de pronto ¡llegaba Evo mismo! Podía materializarse cayendo literalmente del cielo, aunque en helicóptero, con discursete, micrófonos y fiesta, comilona… y listo. Esa comunidad, pueblo, zona, se siente por fin reconocida y redimida, incluida en la foto de la historia; ¡fan, amante, militante del Gran Líder! Una pachanga perpetua más obra gruesa: nada que implique competencias serias o estudios inteligentes.
Y aparte estaba el montón de obras por aquí y allá, caminos pavimentados hasta el último rincón… Y todo, por supuesto, ampliamente comunicado, amplificado, repetido y ensalzado por la gigantesca y millonaria maquinaria de propaganda. (Cuyo presupuesto anual Arce duplicó hace poco, sin ninguna vergüenza).
Cuando se va por el campo, pues, los anuncios, banderas, pintadas, colores del MAS son totalmente ubicuos y no hay otros. Zonas en que solo muy vagamente deben saber quién es Carlos Mesa; como mucho se les ha dicho que es un enemigo, y con eso basta. Las “radios comunitarias” hacen su trabajo. ¿Fraude? ¿Corrupción? En el campo ni se ocupan de comprender esas cosas ni les importa un comino.
Antes que nada, ellos fueron reconocidos, dejaron de ser ignorados y de pronto se veían, por primera vez en una situación casi de igual a igual, sentados en la misma mesa con el propio presidente. Todo eso no es poca cosa, y estuvo muy bien, pero eso mismo fue, lamentablemente y de inmediato, corrompido y coronado por un nuevo pacto de sojuzgamiento, dando lugar a una nueva metamorfosis del vasallaje.
Reactualizaciones del peor pongueaje: como hace poco supimos, Evo mandó ir a 2.000 campesinos a vandalizar la ciudad de La Paz y sus habitantes. Lo hizo poniendo vidas en riesgo. Incluso se sabe que los militares tuvieron que alojarlos, etc.
Pero es en todos esos éxitos agrarios o aquellos de dimensiones utópicas gigantescas (YPFB, Entel, o millonarios fracasos como Bulo Bulo, Papelbol, etc.) y de excelente desempeño fílmico, muy bien adobado con una profusa retórica, insistente e insidiosa, editada por la descomunal maquinaria propagandística, que se fue incubando lo que hoy está saliendo a la luz y está por verse: una dictadura de nueva cepa, en muchos sentidos más profunda y arraigada que las dictaduras militares, que no duraban. Esta, que ahora parece estar desplegándose, consolidándose (para el gusto de una mayoría), bajo el ala del “líder de los humildes” y va encarcelando, amenazando, avasallando y tiene en el bolsillo al aparato judicial, no piensa volver a irse. “La derecha” nunca más, claman. El problema es que esa “derecha” “imperialista” somos simplemente todo el resto del país no masista.
Entre los avasallamientos del Gobierno, otro de los peores y aparte del que se ejerce sobre las tierras orientales, está el horrendo avasallamiento arquitectónico y monumento a la fealdad que acaban de practicar contra la ciudad de La Paz, imponiendo ese masivo cubo negro descomunal, abusivo y prepotente, que arruinó para siempre el casco viejo.
Dentro de él, hace pocos días, el presidente Arce hizo un pobre papel y siguiendo la misma línea de su exjefe, es decir luciendo su dominio de la mentira serial.
Hacen recuerdo a Donald Trump y los republicanos (como podría mostrarse con cientos de ejemplos, Evo y Trump son dos almas gemelas, aunque de discursos naturalmente distintos). Actualmente ni disminuye ni deja de crecer el elevado porcentaje de republicanos, instigados por Trump, ese otro gran mentiroso serial, para los que en las últimas elecciones hubo fraude. Jamás pudieron demostrar un solo caso y las evidencias de que nunca lo hubo, las insistentes demostraciones de que no es así, ni bastan ni les causan el menor efecto. Si Trump les dice que le quitaron las elecciones, eso les basta y eso es entonces lo que deciden creer. Como apunta un comentarista, es la verdad la que debe inclinarse ante el jefe, y no el jefe ante la verdad. Tal como aquí, aunque el caso es inverso: hubo un fraude ampliamente demostrado, pero ya también pretenden hacerlo desaparecer, a fin de rehabilitar a Evo y allanar el camino de sus imparables ambiciones.
Cosas, en fin, que apesadumbran mucho. Nada mejor, entonces y cuando se puede, que irse de paseo por el campo…
El autor es escritor
Columnas de JUAN CRISTÓBAL MAC LEAN E.



















