La “herejía” que no deja dormir al MAS
Cuando el MAS llegó al poder en 2005, vio la luz una especie de relato sagrado acerca de su misión y destino en Bolivia y el mundo. Comenzando por la entronización de Evo Morales y su consagración como “líder espiritual de los indígenas del mundo”, los prohombres del masismo aseguraron que se estaba inaugurando un reinado de 500 años. Por ello, se intentó después que Morales —por la vía de la manipulación de la Constitución y las leyes (“métanle nomás”)— sea presidente vitalicio, en base a su “derecho humano” a la reelección indefinida.
La terca realidad, como siempre, mostró que varios elementos del “credo” masista eran sólo discurso. El proceso de cambio, fue sólo de cambio de nombres de instituciones y leyes. La descolonización no llegó y hoy tenemos a chinos y rusos adueñándose de nuestros recursos naturales, en tanto que los principales voceros del MAS (Lohnhoff, Becquer o Ledebur) son extranjeros. De despatriarcalización no hay un ápice, sino todo lo contrario: se festeja, emula y protege al principal machista.
La democracia se aleja cada vez más de Bolivia, pisoteada por el MAS que, a contramano de lo pregonado, no gobierna obedeciendo al pueblo; no se olvide, al respecto, que el 5 de marzo de 2018, el expresidente fugado, en una reunión del ALBA, dijo: “Algunos compañeros me decían que hay que consultar al pueblo, a los movimientos sociales. Aquí, no hay nada que consultar, es la línea que nos dan Fidel (Castro) y Hugo (Chávez)”.
El respeto a la Madre Tierra no existe; al contrario, se la depreda cada que se puede, como ocurrió con los decretos incendiarios y la pusilanimidad con que se enfrentaron los incendios en la Chiquitanía en 2019.
La reserva moral de la humanidad quedó por los suelos con la reciente confesión de Morales de que quienes son elegidos diputados o senadores tienen que recuperar su inversión y, consiguientemente, robar al Estado y al pueblo.
Sin embargo, para el masismo ver la realidad y criticarla es herejía. El MAS considera que cualquier crítica constituye un error, desviación o enseñanza de doctrinas que van contra un programa de fe, ya estructurado, o bien sometido a examen y finalmente aprobado con una definición de base inmutable. Todo hereje merece sanción, porque es un resentido y milita en las filas del imperialismo y la derecha.
En este contexto hay, sin embargo, una “herejía” que no deja dormir al MAS. Es la de su derrota en noviembre de 2019, a consecuencia del desconocimiento desvergonzado del referéndum del 21F de 2016, la vergonzosa sentencia constitucional 84/2017, la espuria habilitación por el Tribunal Supremo Electoral del binomio masista, el escandaloso fraude electoral de las elecciones de 2019, el fracaso estrepitoso del plan de hacer arder Bolivia para que el “mesías” venga a pacificar el país y su cobarde fuga a México.
El MAS no puede admitirlo y por eso ha puesto en marcha toda una maquinaria destinada a convencer a moros y cristianos de que en 2019 hubo “golpe de Estado” o “ruptura el orden constitucional”, y a castigar a todos quienes osaron desobedecer la “palabra divina” que mandaba arrodillarse ante el binomio por toda la eternidad.
No podrán convencer a quienes vivimos esas jornadas pacíficas y apoteósicas. No lo lograrán pese a decenas de libros, entrevistas, artículos, relatores y celestinos que operan a su servicio.
Inspirados en Galileo, los “herejes” decimos claramente: en noviembre de 2019 no hubo golpe, no hubo ruptura del orden constitucional. Hubo rebelión popular, que obligó a la huida de los fraudulentos.
Columnas de CARLOS DERPIC S.




















