Adiós a David Santalla
La partida de David Santalla, el rey del humor en Bolivia y un actor consagrado, deja un enorme vacío. Sin embargo, su legado perdurará a través de sus obras, personajes y la fuerza de su mensaje.
Creaciones suyas como Toribio o Enredoncio no eran simples representaciones, sino que encarnaban la ternura y el esfuerzo de quienes luchan para acceder a mejores oportunidades.
La Imilla Salustiana reflejaba a la mujer de pollera, su empoderamiento y picardía a pesar de los prejuicios sociales.
A través de sus personajes pudimos ver una Bolivia en constante cambio, pero aferrada a sus tradiciones, a su cultura, a su identidad.
La película que seguramente lo inmortalizará Mi Socio, del director Paolo Agazzi, en la década de los 80 se convirtió en la gran vitrina para que los bolivianos conozcan Bolivia.
En una época donde ir de un departamento a otro era una travesía, don Vito (David Santalla) mostró por primera vez la selva, el altiplano y los valles del país.
Muchos conocimos a través de sus ojos que Bolivia era hermosa y diversa solo apreciando el recorrido en su viaje. Y, además, descubrimos a su gente, cambas y collas, que eran bolivianos, sin distinción, ahí donde se encontraran en una casa de barro o en la ciudad.
La relación con Mi Socio como llamaba a su camión, también nos muestra que para muchos todo,hasta los objetos, tiene vida. No era solo el transporte, sino el medio que le permitía alcanzar sus metas, mejorar su vida y conocer nuevos lugares y personas. Y si fallaba en el camino todo se quedaba truncado.
Hoy, más de 40 años después, la película puede parecer poco atractiva. Por ello para entender a plenitud el talento del actor y de su historia es necesario viajar en el tiempo.
Su familia ha confirmado, tras su fallecimiento el 21 de febrero de este año, que Santalla dejaba su alma en cada personaje y que se esforzó mucho para llegar a donde llegó y que su gran anhelo era no ser olvidado. Anhelo que se cumple pues en La Paz incluso se fabrican muñecos que representan a sus personajes más conocidos y se publican los libros de su autoría, que no son más que el testimonio de su vida y su evolución como actor.
La vida de Santalla, como la de muchos artistas bolivianos, no solo fue de aplausos, también tuvo penurias. Sus últimos años estuvieron marcados por las enfermedades y tuvo que apelar a la solidaridad de la población para salir adelante.




















