Un llamado a la solidaridad
Este lunes 31 de agosto, el calendario marca un nuevo Día Internacional de la Solidaridad, que es una iniciativa que busca promover la ayuda mutua como una herramienta para lograr un mayor bienestar. Y, en tiempos de crisis y necesidad cuando más se necesita ser solidarios y empáticos con el prójimo.
Basta con mirar alrededor para ver la enorme necesidad que existe: niños, mujeres y ancianos que esperan por una moneda de caridad en las calles. Migrantes que han dejado su país y venden alguna golosina en los semáforos o hacen malabares en procura de recibir una recompensa. Quién no se ha encontrado con personas que ya en el ocaso de su vida apelan a la solidaridad para poder alimentarse ese día.
La situación de los adultos mayores de 60 años es particularmente vulnerable en Bolivia, porque el 82 por ciento sobrevive con la Renta Dignidad de 350 bolivianos.
“De 1.200.000 adultos mayores que tenemos, el 82 por ciento sobrevive con la Renta Dignidad. Esa es la gran realidad que tenemos en nuestro país”, afirmó la secretaria ejecutiva de Pastoral Social Cáritas Bolivia, Elizabeth Zabala a la red Erbol. La experta advirtió de las dificultades económicas que enfrenta este sector.
Muchas veces, las personas esperan recibir bienes materiales más que darlos y, por ello, la solidaridad es un valor que se debe cultivar todo el tiempo y no solo en determinadas fechas del año, como la Navidad, sino de manera cotidiana en los distintos espacios donde no desarrollamos.
“El 31 de agosto de cada año se celebra el Día Internacional de la Solidaridad. Se eligió esta fecha en honor al movimiento social polaco Solidaridad, que fue representado en 1980 por el gremio sindical ‘Solidarno’”.
La solidaridad no puede ser el tema de un día en el calendario, sino debe convertirse en una práctica permanente con los que menos tienen.
Hasta hace poco más de una década funcionaban en Cochabamba 50 comedores populares que alimentaban cada día a unas 7.000 personas de escasos recursos. Sin embargo, hoy en día esa cantidad ha disminuido debido a que la ayuda solidaria ha disminuido, lo que hace imposible su sostenimiento.
Si bien hay instituciones que por su naturaleza están llamadas a practicar la solidaridad, todos podemos hacer esta práctica cotidiana al ayudar a los menos favorecidos socialmente al hacer donativos a los centros para niños y adultos mayores, participar en las campañas para ayudar a un enfermo o contribuir a las iglesias que sostienen comedores populares, asilos y albergues. De nosotros, también, depende hacer un mundo mejor y más solidario.






















