Las claves básicas para ciberseguridad en nuestros equipos

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Publicado el 09/09/2020 a las 10h50
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Hoy, la vida resulta casi impensable sin un teléfono móvil que nos provea de nuestros correos electrónicos, de diversos servicios y nos mantenga contactados con nuestras redes sociales. Se dio un salto notable: hace unos años se contaban con los dedos de la mano las redes sociales (RRSS), mientras hoy se perdió la cuenta de la cantidad de herramientas descargadas en nuestros aparatos. Es entonces cuando surge la urgencia de tener cada vez más y mejores criterios sobre seguridad digital. Más al considerar que, tras desatarse la pandemia de Covid-19 y las medidas de aislamiento, se multiplicó exponencialmente el uso de nuevas tecnologías de la comunicación.

Así lo advierte Sergio Ardaya Ríos, abogado experto en derechos digitales y ciberseguridad. “Si bien es notorio el salto tecnológico, no hubo en la misma proporción un salto en cuanto a la protección, los hábitos, los protocolos y uso de herramientas de seguridad digital —dice Ardaya—. La internet como un sistema de comunicación y las herramientas comunicativas que trae, como correos electrónicos, videollamadas, mensajería móvil, etc. no han sido concebidas con los criterios de protección en las comunicaciones. Por lo tanto, muchas partieron con serios problemas de seguridad”.

Ardaya recuerda, por ejemplo, que hace unos años la mayor parte del mundo se comunicaba vía WhatsApp y todas las comunicaciones iban abiertas. Por ello, desde la comunidad digital planetaria, surgió una presión para que todas las comunicaciones incorporen criterios de encriptado. Es decir, para que los mensajes, modificados algorítmicamente a códigos particulares, no puedan ser descifrados por terceros.

Como es sabido, el contexto de la pandemia potenció vertiginosamente el uso de las nuevas tecnologías y debieron repensarse los ámbitos de la enseñanza virtual, el comercio electrónico, las transferencias bancarias, etc. Fue tan sorpresivo el impacto que se debió trabajar sobre la marcha en la normativa del teletrabajo. Hasta se habla de que los procesos electorales ya nunca serán los mismos. Hay un cambio fundamental en nuestras vidas, pero se siente la falta de empoderamiento en los aspectos de la protección y seguridad digitales.

  • La primera protección

“Se dice que 75 por ciento de la seguridad digital lo conforman los hábitos y protocolos y sólo el 25 por ciento lo constituyen las herramientas de la seguridad digital —advierte Ardaya—. Esto porque las herramientas van cambiando frecuentemente: hoy se usa una y dentro de una semana puede aparecer otra mejor. El problema radica en que no hubo evolución ni siquiera en cuanto a la sensibilización o conocimiento de los hábitos de seguridad. Un ejemplo: gran parte de los usuarios no bloquea su pantalla. Apenas se levante para servirse un café o cualquier acción y deje en su escritorio su aparato abre las puertas para cualquier ataque digital”.

El experto recomienda que la pantalla debería estar bloqueada aún en contextos de confianza como la casa. En cuestión de segundos, alguien podría conectar una memoria portátil (“flash memory”) e instalar un programa que comienza a copiar las contraseñas. Según algunos estudios, 60 por ciento de los usuarios no bloquea su pantalla y deja su vida digital abierta ante cualquier ataque. Pero, además, el bloqueo de pantalla es apenas una de las medidas de seguridad recomendadas. Atrás, la computadora está a disposición de cualquiera para que pueda hacerse de toda la información que contenga, como perfiles de contactos, cuentas, etc.

Por ello, una segunda clave de seguridad recomendada consiste en el hábito de encriptar nuestros discos, dispositivos, correos electrónicos y comunicaciones. Esto ha atizado incluso el debate sobre los derechos digitales. De pronto, gran parte de nuestra vida se halla en el entorno digital. Por ejemplo, durante la cuarentena, diversas relaciones familiares o de pareja se canalizaron por vías digitales mientras había una distancia física de varias semanas o meses. Por ello, al pasar mucha de nuestra vida al entorno digital, muchos de nuestros derechos también pasaron a ese entorno.

El derecho a la libertad de expresión, el derecho a la libertad de información y otros ya pasaron claramente al mundo digital. “Pero además ya se están generando nuevos derechos propios de este escenario —señala Sergio Ardaya—. Por ejemplo, se habla del derecho al cifrado, donde todos deberían encriptar sus comunicaciones. También se demanda el derecho al olvido, para que la información de un individuo que fue subida a la internet pueda ser retirada de la red. Hace una semana una persona ganó un juicio en Argentina y las plataformas se vieron obligadas a borrar información sobre ella”.

Ardaya añade: “Está cobrando mucha fuerza el derecho a la protección de datos personales. Se ha hecho cada vez más necesario protegerlos. Hay grandes peligros, de hecho, en el mundo creció sustancialmente la venta de datos personales. Se asegura que está acercándose a saltos exponenciales a negocios ilícitos como la venta de armas y de drogas. Sin embargo, Bolivia cuenta entre los países que carecen de una ley de protección de los datos personales”.

  • Grandes ciberamenazas

Son nuestros datos, a ellos acceden diversas plataformas. Se enteran de dónde vivimos, qué comemos, cuánto gastamos en ciertos productos, nuestras características, etc. Esas plataformas, que brindan determinados servicios, también venden los datos personales. Ello deriva en un grave peligro en países donde no hay la legislación del caso porque acceden, incluso, a más información que el propio Estado.

Hoy, tanto empresas como personas sufren, por ejemplo, ataques “phishing” (juego de palabras con el verbo “pescar” en inglés). Peor aún, el contexto de la pandemia se convirtió en un detonante para esas agresiones. El “phishing” implica un robo de datos de identidad por vía digital que luego pueden ser usados para robos bancarios o institucionales.

También se han producido notables ataques del tipo “ransomware” (acrónimo de secuestro y software en inglés) o secuestro de datos. En este caso, los delincuentes encriptan la información de un sistema y los equipos que dependen de él. Para volver a usarlos, se debe pagar un rescate. De hecho, al comienzo de la pandemia, nada menos que Petróleos Mexicanos (Pemex), la petrolera de aquel país, fue víctima de este cibersecuestro. Los secuestradores pidieron 4,9 millones de dólares. Resultó ser el segundo ataque más costoso de este tipo, a nivel mundial y hasta la fecha. El más alto lo sufrió la ciudad de New Bedford, Massachusetts, en julio de 2019. Por si fuera poco, la transnacional de monitoreo físico Garmin sufrió un hecho similar el 23 julio de este año.

  • Claves de seguridad

Por todo ello, se advierte que los delitos digitales están creciendo de manera exponencial. A diferencia de los robos callejeros, en un solo ataque efectivo de este tipo pueden ser asaltadas cientos o miles de personas. De ahí, la urgencia de empoderar las capacidades de seguridad digital de las personas. Ardaya señala que en el mundo se habla ya de que la seguridad digital debería ser una transversal en carreras universitarias como el periodismo, derecho, ciencias políticas, etc.

En ese escenario, otra de las prácticas de seguridad recomendadas por el experto consiste en conocer técnicas y criterios para crear contraseñas seguras. Ahí suman desde las contraseñas que se pueden configurar en dos pasos hasta el uso de los famosos “tokens”. Estos últimos son dispositivos económicos de codificación de claves cada vez más utilizados en empresas e instituciones.

Es un cambio marcado. “Pocas personas son conscientes todavía de que dispositivos flash que llevan en sus bolsillos pueden ser encriptados, al igual que los correos electrónicos —dice Ardaya—. Tampoco saben que pueden proteger sus comunicaciones punto a punto para que nadie más, en medio, pueda ver esa información. Sin embargo, mucha gente actualmente usa herramientas tipo Zoom u otras similares que no tienen cifrados y sus comunicaciones viajan sin completa seguridad. Frente a ese escenario, hoy se desarrollan herramientas cuyo enfoque principal es la seguridad”.

Se abre un universo. Los riesgos llegan hasta descuidos como entregar celulares identificados con propietarios que son adultos a niños. Éstos pueden recibir material o contactos para adultos, con todos los riesgos que ello implica. Algo similar sucede con la apertura a tecnologías orientadas a la coyuntura de la Covid-19. Sin embargo, tienen un alcance mucho mayor y resultan tecnologías de supervigilancia. Por lo tanto, debemos aprender a protegernos.

“No sólo se debe pensar en el acceso a las nuevas tecnologías, sino en que ese acceso sea con seguridad”, recomienda Ardaya.

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