Preocupaciones por una universidad que no existe
El caso de la supuesta universidad autónoma que pretende funcionar en Quillacollo y las reacciones que ha provocado esa iniciativa merece una reflexión acerca de aspectos que trascienden las repercusiones mediáticas e institucionales de este asunto.
La denominada Universidad Nacional Autónoma Adela Zamudio (Unaaz) es una iniciativa que, de acuerdo a lo informado por gente que trabaja en sus oficinas, ha registrado a más 3 mil estudiantes que desean seguir una de las 14 carreras que ofrecen.
Aparte de sus oficinas, instaladas en un centro comercial de Quillacollo, un logotipo que se asemeja al de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), su cuenta de Facebook y otra red social, esta entidad no posee infraestructura y carece de registros y autorizaciones legales de las instancias correspondientes para ser lo que pretende.
En resumen, la Unaaz no existe como universidad y se supo de ella por las publicaciones de sus redes sociales ofreciendo formación a interesados en estudiar y convocando a profesionales para que postulen a ser docentes.
Eso ocurría entre la Unaaz y los interesados en lo que ofrece, hasta el lunes recién pasado cuando las máximas autoridades de la UMSS denunciaron públicamente que todo aquello es un “engaño”. Dos días después, la Alcaldía de Quillacollo clausuró las oficinas de la entidad cuestionada y la Policía detuvo a su “rector”.
Y ayer, el rector de la UMSS anunció que se presentará una denuncia en la Fiscalía por estafa y otros delitos contra los promotores de la creación de una supuesta universidad pública en Quillacollo.
Ese afán de las autoridades universitarias de la UMSS responde a una iniciativa propia que carece de apoyo en Quillacollo, donde se realizó una marcha de apoyo a la entidad cuestionada, y no se conoce de denuncia alguna por estafa presentada por una supuesta víctima.
La marcha, el interés suscitado por las publicaciones de la Anaaz en su cuenta de Facebook, que han generado 2.400 reacciones, y sus 4.200 seguidores en esa red social permiten pensar que hay una genuina expectativa por lo que ofrece esa entidad.
Una expectativa que no parece despertar el interesar de las autoridades de la UMSS, en términos de ofrecer alguna opción a esos quillacolleños ansiosos de estudiar en una universidad pública, como se proclama la Unaaz, sin serlo.
Y es ese aspecto el que llama la atención en la actitud de las autoridades de la UMSS: su desinterés por quienes ven en el engaño de la Unaaz una oportunidad de estudiar y profesionalizarse y su preocupación por publicitar el asunto y perseguir en justicia, por estafa y otros delitos, a quienes promueven esa oferta fraudulenta.




















