Carnaval negro
La seguidilla de muertes en accidentes de tránsito durante el Carnaval nos lleva a cuestionar si los caminos son: ¿carreteras o cementerios? Pero también a exigir que las autoridades apliquen medidas para contar con vías más seguras y conductores más responsables.
Los tres accidentes del feriado están entre los peores siniestros que han ocurrido en el país en los últimos años.
El sábado, 37 personas murieron en un choque fatal entre dos flotas en la carretera Uyuni-Potosí. La investigación estableció que uno de los conductores estaba en estado de ebriedad.
Tan sólo un día después, el domingo, una roca gigantesca aplastó a un minibús en la carretera Entre Ríos y Palos Blancos, en Tarija. El deslizamiento dejó dos muertos.
El lunes una nueva tragedia ocurrió en la ruta Oruro-Potosí, cuando una flota chocó con una vagoneta que invadió carril y se embarrancó. El siniestro acabó con 31 vidas y dejó 22 heridos.
Otras tres personas perdieron la vida: dos en un accidente en la ruta a Pisiga y otro peatón atropellado en Oruro. Pero, tanta tragedia no se puede quedar sólo en cifras: 73 fallecidos y más de 100 heridos; sino, que es necesario recordar que se perdieron vidas, personas que dejan familias devastadas. Además, de sobrevivientes que deberán vivir con el dolor y el terror de los accidentes.
Es difícil saber qué pasó por la mente y el corazón de las familias que iban en los buses siniestrados, muchos con la ilusión de llegar a casa. Otros, motivados, tal vez, con emprender un negocio y otros probablemente para cumplir con su trabajo. En Bolivia, el transporte terrestre sigue siendo la primera opción para desplazarse, pero también la más peligrosa.
El eje del país: Santa Cruz, La Paz y Cochabamba, es la región con más accidentes, según datos de la empresa de Seguros y Reaseguros Univida.
En Santa Cruz se registran en 2024, el 49,9% de los siniestros; en La Paz, el 20%, y en Cochabamba, el 16%. Las cifras son un llamado de atención para enfocarse en las soluciones y cambiar esta dura realidad.
Todas señales indican que es necesario realizar más esfuerzos para reducir los accidentes y contar con una verdadera cultura de educación vial no sólo en las carreteras, sino en las ciudades donde las avenidas también parecen cementerios por las innumerables cruces que se dejan para recordar que ahí se atropelló y mató a un peatón, a un ciclista; a una madre, a una abuela, a una hija o a un padre, a un abuelo, a un amigo, o a un hijo.
El índice de siniestralidad SOAT se incrementó del 55,4% en 2023 al 67,1% en 2024. Las cifras son más que elocuentes y deben servir para evitar más siniestros.


















