Fantasmas en la evaluación de Huajchilla
¡Apresurados! No esperaron que la polvareda se disipe un poco. Casi luego de las elecciones, el Evo y sus 40 correligionarios asumieron una tarea difícil: analizar las causas del fracaso y trazar, con conocimiento de causa, un plan para “revertir el escenario político adverso”. Claro que es más fácil celebrar una victoria que reconocer con hidalguía las falencias propias y, además, la efervescencia emocional no es la mejor circunstancia para realizarlo. Pero se realizó.
Para que haya coherencia entre las tareas a efectuar y los factores relacionados con el resultado, el principio de la pertinencia es fundamental (a las preguntas precisas, respuestas correctas). Los sofismas de la campaña, a la hora de la verdad, ya no funcionan. Mentirse a sí mismo es la peor mentira. Al cabo del evento, dos versiones salieron por la prensa. Con gesto adusto, la del Presidente, y con la locuacidad conocida, la del Vicepresidente.
“Hemos perdido la batalla, pero no la guerra”, dijo Morales. Imprevisible y enigmático, como otras veces, abrió con ello una incógnita. Estaba segurísimo de ganar, pero si el resultado le fuera adverso, aceptaría llanamente. Ahora sucede que falta jugar el segundo tiempo. “De eso no hay que preocuparse”. Todo parece indicar que de algún modo se buscará anular el resultado constitucional del referendo. ¿Alguna estrategia envolvente? ¡Quién sabe!
El Vicepresidente resumió la evaluación en cinco puntos: “Paralelismo y división en las filas”, “insuficiencia de vocería política”, “silencio de las autoridades regionales”, “falta de creatividad para responder a la derecha” y “ausencia de nuevos cuadros y liderazgos”. Puso énfasis en el asunto comunicacional y abogó por un mayor monopolio gubernamental en ese campo. Pero la suma de los que no pueden no reemplaza al talento. La estridencia repetitiva llegó hasta el fastidio.
Si eso es todo, estamos peor. La otra agenda de análisis, aparentemente ignorada, incluye cuestiones sumamente graves que, a nuestro juicio, fueron los más decisivos. La corrupción galopante con impunidad protegida (Achacollo, Huanca y Ancieta, de las bartolinas), los bloqueos convertidos en usos y costumbres de la masa organizada, las ridículas mentiras del Vice respecto al sol y la luna ofendieron al electorado (no todos son tontos). Estos factores determinaron la tendencia acumulada; la sensación térmica de que se habló antes del 21.
Casi en la víspera, tres misiles detonantes: la sospecha de tráfico de influencias a través de una persona ligada a una empresa china y el poder, luego convertida en parodia de telenovela. La impostura denunciada sobre el título profesional de García Linera que le derrumbó la reputación académica en un instante; la piromanía criminal contra la Alcaldía de El Alto, haciéndole culpable a la víctima. Y como de yapa, los fantasmas exhumados del exilio. Los dos Sánchez (de Lozada y Berzaín) habían sido expertos estrategas para facilitar recursos y dirigir desde fuera, a control remoto, la campaña exitosa de la oposición. Ni duda cabe: ameritan otra Huajchilla, pero con un alto comisionado de la verdad, un abogado del diablo y un fiscal ecuánime, no tan guerrero como el plurinacional.
El autor es escritor, miembro del PEN Bolivia.
Columnas de DEMETRIO REYNOLDS






















